Los abuelos aconsejan

«Abuelo, ¿qué es ser santo?»

Con esta pregunta, mi nieta me puso contra las cuerdas. Desde entonces, he sentido la responsabilidad de «dar buen consejo» a mis 33 nietos, una actividad que nos ha dado muchas alegrías.

EN PRIMERA PERSONA – 14 de Noviembre de 2016

Una de las obras de misericordia espirituales: Dar buen consejo al que lo necesita. O, como decían, con su viejo y sabroso estilo, los antiguos catecismos: Dar buen consejo al que lo ha menester.

Todos, en múltiples circunstancias o en diversos momentos de nuestro vivir, necesitamos de consejo, y también todos podemos y debemos cumplir con esta obra de misericordia para con quienes Dios nos ha puesto al lado en nuestro camino.

Ya se sabe que no es tarea fácil, porque no siempre damos el consejo de la manera adecuada o en el momento oportuno, o porque no todo el que lo necesita suele recibirlo positivamente. Si la forma de dar consejo adopta la forma del regaño, la cantaleta o el sermón, más bien provoca el rechazo en quien lo recibe. Y es muy probable que lo mismo suceda si se da desde una altura magistral, mirando hacia abajo al destinatario. Mi experiencia me dice que el consejo eficaz ha de estar cargado de cariño y ofrecerse de una manera sencilla y amable. (….)

Mi esposa y yo tenemos debilidad por nuestros nietos, y estamos orgullosos de que se note. Ellos, además, son tan buenos que procuran corresponder.

Cada sábado a mediodía concentramos a toda la familia en nuestra casa. Con absoluta libertad asisten los que lo desean y se lo permiten sus compromisos. Hasta el presente, gracias a Dios, todos se han sentido cómodos con esta reunión y la reclaman cuando, por algún motivo, mi señora y yo estamos fuera de la ciudad. En estos almuerzos, llenos de confianza, como es lógico, se suelen presentar controversias divertidas sobre diversos asuntos: fútbol, política, diversiones, lecturas, temas religiosos, etc. Es una magnífica oportunidad para conocernos mejor, para saber cómo pensamos y para dar ideas que remuevan, a pesar de que no todo se comparta de entrada. A veces surgen propuestas de los nietos sobre cómo llevar a cabo actividades para tratarnos con más frecuencia y para formarnos. ¡Quién me iba a decir que las palabras de sus abuelos contarían de veras en sus vidas!

Cuando se quiere a una persona, todo sabe a poco, así que resolví aprovechar diversas circunstancias para darles además algunos consejos por escrito.

La primera oportunidad se presentó con el nieto mayor, que vivía en el extranjero e iba a hacer la primera Comunión. Le envié un correo electrónico felicitándole y haciéndole algunas reflexiones adecuadas a su edad sobre la divina Eucaristía, sobre la grandeza de ese momento que iba a vivir, sobre su conversación con Jesús en esa ocasión, sobre las posibles peticiones que podría dirigirle, sobre su promesa de mantenerse junto a él y frecuentarlo en la Comunión, sobre la necesidad de arrepentirse y confesarse cuando en alguna ocasión se apartara de Él; finalmente le decía, dado que es una persona muy afectuosa y así ha sido siempre hasta el día de hoy, cuando es un universitario de veintidós años, que mi esposa y yo rezábamos a Dios para que le hiciera cada día un hombre mejor, un cristiano muy fiel, para que algún día, cuando hubieren pasado muchos años y ya ni él ni nosotros estuviéremos en este mundo, pudiéramos estar muy juntos y muy felices en el cielo, queriéndonos muchísimo.

Luego continué la costumbre con la primera Comunión de los demás nietos. También empecé a enviarles mensajes similares con motivo del sacramento de la Confirmación. (…)

Igualmente me pareció oportuno aprovechar los cumpleaños para escribir a los que, por su edad, ya tienen correo electrónico. En estos mensajes aprovecho para hablarles de aquella virtud en la que veo que destacan y para animarles a cultivar la virtud contraria al defecto que creo que tienen, sin decirles que lo tienen. También les escribo cuando obtienen alguna distinción en el estudio o en la práctica de algún deporte. Las circunstancias que se suelen presentar como oportunidad para escribirles son de lo más variadas. (…)

Continuando con el tema de la correspondencia, recuerdo la ocasión en la que se quedaron a dormir en nuestra casa tres de las nietas menores de diez años. Conversando con ellas, una me preguntó qué quería decir ser santo. En ese momento procuré darles a las tres una explicación a su alcance, pero luego les escribí un par de párrafos sobre el tema, lo más claro posible, animándoles a que desearan y trabajaran por ser santas. Los imprimí y se los entregué recomendándoles que los guardaran y los leyeran con alguna frecuencia. Cuando escribo a los nietos más pequeños que no tienen correo electrónico, les recomiendo que guarden mi carta y la vuelvan a leer de vez en cuando.

Ellos también me escriben con motivo de mi cumpleaños, de la fiesta del padre, de nuestro aniversario de bodas, etc. (…) Uno de ellos me manifestó que recordaba muy bien una referencia a algo que le había escrito tiempo atrás, porque tenía archivadas todas las cartas que le había enviado.

(…)Mi mujer y yo empezamos esta historia hace 52 años. Damos gracias al Señor por todo lo que nos ha dado y seguimos adelante con optimismo, hasta el día que Dios permita que estemos en este mundo.

http://www.opusdei.org/es/article/abuelo-que-es-ser-santo/

Tiempo de Adviento

TIEMPO DE ADVIENTO

El Adviento es un tiempo de espera y de preparación porque Dios llega al mundo. La Iglesia nos invita a disponernos llevando una vida de oración y penitencia. En el templo, predomina el color morado. En Adviento, resuenan las palabras de San Juan el Precursor.

Ciertamente, estar cerca de Jesús requiere una conversión “frecuente”. La vida espiritual requiere crecer cada día en amor a Dios y al prójimo. En el seno de la familia cristiana se vive este espíritu de espera y preparación descendiendo a aquellos detalles que manifiesten el tiempo que estamos viviendo.

La corona de adviento

corona

Como su nombre lo indica, se trata de una corona que suele ser de muérdago o de una rama semejante, en la que se colocan armoniosamente cuatro velas. Se ubica a la vista para que recordemos que estamos en este tiempo de espera. Tal vez, en el centro de la mesa donde habitualmente comemos. En la primera semana se enciende una vela, en la segunda dos, hasta llegar a la cuarta semana en que se encienden las cuatro. Así, la luz es más intensa, significando la pronta llegada de Jesús que es la “Luz del mundo”. Se puede acompañar el momento de encender las velas con un villancico o con una oración en la que expresamos a Dios que estamos en guardia… esperando su venida. Por ejemplo: Para que aprendamos a querer al prójimo: (Todos contestan) ¡Ven Señor Jesús! Para que vivamos la humildad: ¡Ven Señor Jesús! Para que seamos serviciales: ¡Ven Señor Jesús!

El pesebre

pesebre

Se espera al niño Jesús con la ilusión que se pone cuando nace un bebé. Una lindísima costumbre de Adviento es armar un pesebre manifestando de un modo visual y atractivo que pronto nacerá Jesús. Aunque seamos todos mayores de edad, aunque apenas pocos chicos lo vean, a los adultos también nos hace mucho bien realizar y contemplar con frecuencia el pesebre. Este pesebre aún no tendrá al Niño en la cuna… Un día especialmente apropiado para realizarlo es el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción de la Virgen.

El pesebre en casa: ¡qué nos conmueva y enseñe! El pesebre –decía San Josemaría– es “cátedra” porque es mucho lo que nos permite aprender: a ser desprendidos, humildes, a vivir la pobreza y a entregarnos a los demás. Se suele tener un rato diario de oración frente al pesebre contemplando la escena como un personaje más en este humilde y a la vez grande portal. Ayuda rezar con el Evangelio de San Lucas que es quien más detalla los preparativos de la Navidad.

Fuente: Huellas imborrables  

Pensando en los regalos

PENSANDO CON CALMA, SE PUEDE EDUCAR EN FAMILIA
Autor: Inés Rivero
Directora de Erain-Txiki.
Licenciada en Pedagogía.
Fuente:
Original para sontushijos
(Adaptación)
¿Qué regalo? ¿Juego educativos o algo más divertido?
Me encantan las jugueterías y muchas veces entro en ellas simplemente “a mirar”, sin ninguna necesidad ni intención de compra, y siempre me llama la atención que algunas de ellas tengan una sección de “juegos educativos”. Y me llama la atención porque el juego es siempre estímulo, siempre es educativo. Hay juegos que potencian más o menos la creatividad y la imaginación, pero incluso aquel en el que parece que sólo interviene el azar, podemos encontrar un componente educativo. Existen juegos para desarrollar todas las destrezas e inteligencias.
Juegos que potencian el desarrollo motor y el equilibrio (inteligencia corporal cinestésica): juegos con pelotas, ruedas, juegos de saltar, los deportes…
Juegos que desarrollan la motricidad fina, la grafía y el sentido de la orientación (inteligencia espacial): ensartar, “laberintos”, juegos con cordones, tijeras, pegatinas, dibujar y colorear, unir los distintos puntos siguiendo los números o el abecedario…
Juegos que potencian el desarrollo del lenguaje (inteligencia lingüística): algunos juegos de mesa, el teléfono descompuesto, trabalenguas, acertijos…
Juegos que desarrollan la lógica y las habilidades matemáticas (inteligencia lógico-matemática): el juego de la oca, juegos de cartas, juegos de estrategia (quién es quién, ajedrez…), incluso a través de juegos que en un primer momento pueden parecer del primer bloque (desarrollo motor y equilibrio) también aprenden conceptos matemáticos como la izquierda y la derecha…
Juegos que ponen al niño en contacto con la naturaleza (inteligencia naturalista): areneros, cajas de “bichos”, prismáticos, lupas, microscopios…
Juegos que desarrollan el ritmo y el sentido musical (inteligencia musical): todos los instrumentos musicales adaptados a los niños, la mayoría de los juguetes destinados a los niños en su primer año de vida. Todas las canciones que acompañan a muchos juegos tradicionales…
Y todos ellos, refuerzan la inteligencia intrapersonal e interpersonal (dejando aparte los solitarios)
Pero no sólo desarrollan las inteligencias de los niños, existen además otros beneficios en el juego:
1.- Satisface las necesidades básicas de ejercicio físico
2.- Es una vía excelente para expresar y realizar sus deseos
3.- La imaginación del juego facilita el posicionamiento moral y maduración de ideas
4.- Es un canal de expresión y descarga de sentimientos positivos y negativos, ayudando al equilibrio emocional
5.- Con el juego simbólico, está ensayando y ejercitándose para la vida de adulto.
6.- Cuando juega con otros niños se socializa y gesta sus futuras habilidades sociales.
El niño jugando también adquiere hábitos que le resultarán muy útiles cuando tenga que empezar a hacer deberes o estudiar e incluso en su vida laboral, puesto que lo que aprende en el juego es extrapolable a ambos. En concreto:
1.- El niño tiene que aprender que los juegos tienen un principio y tienen un fin. Y como el juego es algo muy serio para los niños, el juego no se deja a medias. No vale empezar un puzzle y no terminarlo, empezar una partida de parchís y no terminarla… Igual que no vale hacer los deberes o un informe en el trabajo a medias.
2.- A través del juego tenemos que enseñar al niño a ser ordenado: cada juguete debe tener un sitio. A la hora de jugar, necesitará tener todo lo que necesita para el juego a mano y cuando termine deberá dejar cada cosa en su sitio (todas las piezas del puzzle, la las distintas fichas del juego…en la caja correspondiente) y el juguete a su vez en su lugar. Cuando tenga que hacer deberes tendrá que tener los libros, lápices, calculadora… a mano, cuidar sus materiales y guardarlo cuando termine. Lo mismo que en el trabajo. Una persona desordenada pierde mucho tiempo localizando y preparando el material que necesita.
3.- Afán de superación y competitividad. Uno de los alicientes de muchos juegos es ganar o superar la propia marca. Sin caer en la obsesión por ser el mejor, en la competitividad, el hecho de querer mejorar es muy positivo y necesario, una vez más, para mejorar como estudiante y lograr mejores resultados profesionales.
4.- Saber perder. En la vida no todo va a salir como uno quiere y en el juego tampoco siempre resultará victorioso. Estos momentos son los que nos sirven para enseñarles a encajar las derrotas, los resultados no tan buenos como uno esperaba…
5.- Y saber ganar. También hay que aprender a ganar, a no utilizar el éxito para humillar al contrario o ser un presuntuoso. Si observamos en nuestro hijo reacciones poco adecuadas cuando ganan, tendremos que enseñarles a ser más humildes y a utilizar esas buenas capacidades suyas en beneficio también de los demás,
6.- Trabajo en equipo: en muchos juegos se compite por equipos o bien, como en el caso de los llamados juegos cooperativos, todos los participantes ganan o pierden. En estos casos los niños tendrán que aprender a organizarse como equipo, detectar quién está más capacitado para qué actividad… Tendrán que contar con el hecho de que en un equipo hay algunos miembros más fuertes o más débiles pero todos participan de la victoria o derrota del mismo.
7.- Aprender a esperar. Hay muchos niños que son muy impulsivos y quieren ser siempre los primeros en todo. En el juego tienen que aprender a esperar su turno y a respetar el turno de los demás.
¡Y el juego no sólo aporta beneficios al que lo practica! Gracias a la observación de nuestros hijos mientras juegan les conoceremos mejor: sabremos más sobre su personalidad, si prefiere los juegos que requieren mayor o menor actividad, los solitarios o los juegos de equipo, aquellos que requieren mayor reflexión o los que tienen un mayor componente de azar, localizaremos cuáles son sus habilidades, sus intereses e incluso virtudes o defectos. Todos estos datos muy interesantes para ejercer nuestra labor educativa.
Por todo ello, lo mejor a la hora de elegir un juguete es pensar en aquel a quien va dirigido y a quienes van a jugar con él, saber sus gustos y sus fortalezas y debilidades, lo educativo dependerá del uso que se haga del juguete.

Compartir la música con nuestros hijos adolescentes

Les pasamos la letra en español para quienes prefieran

¿MARÍA SABÍAS?
María, ¿sabías que tu bebé caminaría un día sobre el agua?
María, ¿sabías que tu bebé salvaría a nuestros hijos e hijas?
¿Sabías que tu bebé vino para hacerte nueva?
Que ese niño que tú diste a luz, pronto te traería a la Luz
María, ¿sabías que tu bebé dará la vista a un hombre ciego?
María, ¿sabías que tu bebé calmará una tormenta con su mano?
¿Sabías que tu bebé ha caminado por donde los ángeles pisaron?
Que cuando besabas a tu pequeño niño besabas el rostro de Dios.
¿María, sabías? ¿María, sabías?
Los ciegos verán, los sordos oirán
Los muertos volverán a vivir
Los paralíticos saltarán,
Los mudos hablarán las alabanzas del Cordero.
María, ¿sabías que tu bebé es el Señor de toda la creación?
María, ¿sabías que tu bebé gobernará un día las naciones?
¿Sabías que tu bebé es el Cordero Perfecto del cielo?
Que el Niño dormido que sostienes es el Gran YO SOY

Luces para ser el Nº 1

andy

En la batalla de la formación de la gente joven cobra una gran importancia la adquisición de valores que enriquezcan la personalidad. Además, deben aprenderse en un ambiente de libertad y autonomía personal. Los hábitos no se adquieren por repetición de charlas de los padres y educadores sino por el ejercicio continuado de actos virtuosos. En nuestras conversaciones con ellos hay tres pasos que hacen posible el camino de la mejora.
1º Darles luz para ver en qué tienen que mejorar.
2º Conseguir fuerza para cambiar y llevar a la práctica los objetivos, metas o propósitos
3º Inspirarles motivos para cambiar.
… Hemos visto como Andy Murray se colocaba sorprendentemente como nº 1 mundial del tenis después de llevar más de 11 años jugando como profesional y estando los últimos 7 entre los 4 primeros. ¿Qué ha sucedido para que este año haya dado el paso necesario para llegar a la cima? Ha seguido el camino de los tres pasos para lograr que el cambio sea real.
1º Luz para ver en que tenía que cambiar.
Se dio cuenta que cuando en 2012 su entrenador fue Ivan Lendl ganó los dos únicos grand Slam y la medalla de oro de las Olimpiadas. Por eso en junio de este año volvió a ficharle como entrenador.
2º Fuerza para mejorar.
Andy decía: “Con Ivan Lendl trabajamos sobre aprender de los errores y aprender de las derrotas. El me ayudó a gestionar la presión”.
3 Motivos para la mejora.
Quería volver a ganar un grand slam y llegar a ser el número 1. Dicen los comentaristas: “Ha sido un cambio de mentalidad ahora ataca con mucha anticipación, resta muy delante, y ha mejorado al servicio”.
Este camino (luz, fuerza y motivación) puede ser una buena senda para tener conversaciones de mejora con nuestros alumnos.
Autor: Iñaki Cires – Ingeniero Industrial -Diplomado en Magisterio. – Doctor en Ciencias de la Educación – Máster PDG IESE. Más de 25 años en equipos directivos -Profesor en el colegio Erain Ikastetxea.
Fuente: Original para sontushijos

Educar sin prisa

Adaptación artículo de www.lafamilia.info

Hoy existe una verdadera carrera a la hora de educar, queremos que nuestros hijos sean los primeros en todo y no sabemos las consecuencias de todo esto.

 Uno de los mayores enemigos de la educación es la prisa. Querer que nuestros hijos sean los primeros en hablar, en andar, en andar en bici, en aprender a leer y a escribir, en saberse las tablas de multiplicar, en dominar un segundo idioma suele ser la aspiración de casi todos los padres.

 

Así que cuando la naturaleza impone un ritmo más lento que el que nosotros esperamos nos angustiamos y comenzamos a ponernos nerviosos: ¿Cuándo hablará bien?, ¿Por qué no camina  todavía?,¡Ya debería saber andar en bici!…. Estos padres se agobian y agobian a sus hijos a veces sin una razón científicamente sostenible, sino únicamente porque no cumplen sus expectativas.

La maduración física, intelectual y afectiva de nuestros hijos no es una carrera contrarreloj, sino un proceso con una cadencia propia que a veces puede parecer incluso caprichosa. La estadística establece los márgenes de la normalidad, que suelen ser mucho más amplios de lo que nos imaginamos; sin embargo, nosotros nos fijamos más en el corredor de la calle de al lado o en el que va marcando los mejores tiempos.

Cuando nos preocupa su lentitud y consultamos con un especialista, con el pediatra o con el pedagogo, nos solemos encontrar salvo algunas excepciones, claro está con que nuestro hijo se encuentra entre los parámetros de la normalidad. Sin embargo, a veces, el dato no nos tranquiliza porque no nos conformamos con lo normal, sino que queremos que sobresalga, que bata un record, no importa en qué modalidad.

La trayectoria hacia la madurez no es una prueba de velocidad, sino una carrera de fondo. De poco sirve una salida explosiva, porque lo importante es llegar al final. Ser el primero en llegar a los controles intermedios solo sirve para engrosar el orgullo de los padres que están en la grada; lo que cuenta de verdad es llegar bien, sobre todo, a la línea de meta.

Si la prisa es el enemigo de la educación, la paciencia es su gran aliado. La necesitamos en todo momento y circunstancia: con el hijo lento, pero también con el que va muy deprisa; con el que le cuesta y con el que va adelante; con el que tiene problemas y con el que todo parece tan fácil; con el que siempre llega primero y con el que siempre llega el último. Como decía el cirujano francés, Guillaume Dupuytren, “no hemos de apresurarnos, porque no tenemos tiempo que perder”.

En educación no hay soluciones rápidas; se educa a fuego lento… Dejarse ganar por la prisa nos puede llevar a subir el fuego y a que se nos “queme la comida”.

Aprender a pensar

Dar a los niños las herramientas necesarias para que adquieran un pensamiento maduro.

 Aprender a pensar desde pequeños de forma propia y crítica, es algo imprescindible para la formación completa de una persona. Y lo complicado es, precisamente, mantener firme ese pensamiento con el paso del tiempo.

Para ello, tenemos que dar a los niños las herramientas necesarias para tener un pensamiento maduro y personal de forma que, ante cualquier situación, sean capaces de hacer un análisis crítico, vean las posibles consecuencias, no se centren en una única visión, sean flexibles, etc.

Los niños pueden trabajar el pensamiento desde muy pequeños. Por eso, es muy importante hacer ver a cada niño que sus ideas y opiniones son importantes. La atención y el sentirse escuchado o ver que sus propuestas son útiles, van a hacer que el niño se motive a la hora de pensar y de expresarse sin el “miedo” de que sus respuestas no sirvan de nada.

Por otra parte, el desarrollo de la empatía, ayuda a que el pensamiento del niño no sea únicamente individual y amplía la visión del mismo hacia los demás. De esta forma, el ver las consecuencias positivas de sus acciones buenas hacía el resto de personas y el afecto recibido, hace que se asiente en el cerebro del niño el aprendizaje emocional y social, imprescindible para el desarrollo global de la personal.

La individualidad y el atender a los propios pensamientos, es otro de los factores esenciales para que el niño aprenda a pensar por sí mismo sin la necesidad de que el adulto lo haga por él. La sobreprotección y la falta de autonomía, frenan considerablemente el desarrollo del pensamiento propio. Por tanto, dejando que el niño piense por sí mismo, alcanzará un pensamiento maduro y equilibrado que le ayudará a aprender a tomar decisiones y a ser seguro.

Además, elementos como la creatividad, la curiosidad y el sentido crítico, amplían la personalidad propia, aumenta la capacidad de tener varias visiones y evita tener un único punto de visión. Lo que facilita la flexibilidad en el pensamiento que permitirá que el niño vaya creciendo y desarrollando su propio criterio.

Todo ello, fomentará un pensamiento libre, maduro y responsable en el niño a medida que vaya creciendo. Evitando así, que los constantes “ataques” externos hagan que el pensamiento propio y crítico flojee no solo durante la infancia, sino en todo el desarrollo de la persona, incluyendo la etapa adulta. 

Fuente: www.sontushijos.org

Rezando con el Papa Francisco sobre el amor – Amabilidad

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Rezando con el Papa Francisco sobre el amor – Amabilidad

Nuestro amor cotidiano

  1. En el así llamado himno de la caridad escrito por san Pablo, vemos algunas características del amor verdadero:

«El amor es paciente,
es servicial;
el amor no tiene envidia,
no hace alarde,
no es arrogante,
no obra con dureza,
no busca su propio interés,
no se irrita,
no lleva cuentas del mal,
no se alegra de la injusticia,
sino que goza con la verdad.
Todo lo disculpa,
todo lo cree,
todo lo espera,
todo lo soporta» (1 Co 13,4-7).

Esto se vive y se cultiva en medio de la vida que comparten todos los días los esposos, entre sí y con sus hijos. Por eso es valioso detenerse a precisar el sentido de las expresiones de este texto, para intentar una aplicación a la existencia concreta de cada familia.

Amabilidad

  1. Amar también es volverse amable, y allí toma sentido la palabra asjemonéi. Quiere indicar que el amor no obra con rudeza, no actúa de modo descortés, no es duro en el trato. Sus modos, sus palabras, sus gestos, son agradables y no ásperos ni rígidos. Detesta hacer sufrir a los demás. La cortesía «es una escuela de sensibilidad y desinterés», que exige a la persona «cultivar su mente y sus sentidos, aprender a sentir, hablar y, en ciertos momentos, a callar»[107]. Ser amable no es un estilo que un cristiano puede elegir o rechazar. Como parte de las exigencias irrenunciables del amor, «todo ser humano está obligado a ser afable con los que lo rodean»[108]. Cada día, «entrar en la vida del otro, incluso cuando forma parte de nuestra vida, pide la delicadeza de una actitud no invasora, que renueve la confianza y el respeto […] El amor, cuando es más íntimo y profundo, tanto más exige el respeto de la libertad y la capacidad de esperar que el otro abra la puerta de su corazón»[109].
  2. Para disponerse a un verdadero encuentro con el otro, se requiere una mirada amable puesta en él. Esto no es posible cuando reina un pesimismo que destaca defectos y errores ajenos, quizás para compensar los propios complejos. Una mirada amable permite que no nos detengamos tanto en sus límites, y así podamos tolerarlo y unirnos en un proyecto común, aunque seamos diferentes. El amor amable genera vínculos, cultiva lazos, crea nuevas redes de integración, construye una trama social firme. Así se protege a sí mismo, ya que sin sentido de pertenencia no se puede sostener una entrega por los demás, cada uno termina buscando sólo su conveniencia y la convivencia se torna imposible. Una persona antisocial cree que los demás existen para satisfacer sus necesidades, y que cuando lo hacen sólo cumplen con su deber. Por lo tanto, no hay lugar para la amabilidad del amor y su lenguaje. El que ama es capaz de decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan. Veamos, por ejemplo, algunas palabras que decía Jesús a las personas: «¡Ánimo hijo!» (Mt 9,2). «¡Qué grande es tu fe!» (Mt 15,28). «¡Levántate!» (Mc 5,41). «Vete en paz» (Lc 7,50). «No tengáis miedo» (Mt 14,27). No son palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian. En la familia hay que aprender este lenguaje amable de Jesús.

Quinta entrega del Capítulo cuarto. EL AMOR EN EL MATRIMONIO

Exhortación apostólica AMORIS LAETITIA del Papa Francisco