Cine para el fin de semana largo

Recomendación de cine – Moisés y los diez Mandamientos

dez mandamentos

frameAgradecemos a Sembrar valores esta recomendación.

Estuvimos en la privada de Moisés y los diez Mandamientos. Estamos para recomendarla.

Montada sobre escenas de la exitosa serie televisiva, pretende sintetizar en poco más de dos horas, dos temporadas de la novela que fixiona la historia de Moisés, personaje respetado por el judaísmo, el cristianismo, el islam y el bahaismo.

Durante la conferencia de prensa, Guilherme Winter (Moisés) – Giselle Itie (Zipora) – Sidney Sampaio (Josué) no dudaron en manifestar el impacto que produjo en sus vidas esta película en la cual la Fe está presente en todo momento y asumen que impactará también –especialmente- en los jóvenes que la vean.

No es una gran película pero nos acerca el mensaje con arengas y conversaciones profundas que podrían ocurrir en nuestros días. Tal vez más de uno, después, se “tienta” y agarra la biblia.

 

Estrena el 23 de febrero.

 

Director: Alexandre Avancini.
Protagonizada por Guilherme Winter, Sérgio Marone, Camila Rodrigues y Giselle Itié.

Otro finde con lluvia y una buena peli

Agradecemos a Sembrar Valores esta recomendación sembrar

Camino a casa

Llega finalmente a los cines argentinos una de las grandes propuestas del cine internacional.

Con las actuaciones de Dev Patel ganador del prestigioso premio de cine Británico como mejor actor de reparto, también nominado al Oscar y Nicole Kidman

en uno de sus mejores roles del último tiempo, nominada en la categoría de actriz de reparto en todos los grandes premios de la temporada, el director nos lleva por el tierno y peligroso camino de encontrar la identidad y al mismo tiempo no olvidar el afecto y protección de unos padres adoptivos y amorosos.

Sinopsis:

Un camino a casa cuenta la historia de Saroo, un pequeño de cinco años que se pierde en un tren que lo lleva lejos de su casa y de su familia. Asustado y desconcertado, termina en la caótica ciudad de Calcuta. De algún modo sobrevive en las calles, y escapa de los pequeños terrores antes de caer en un orfanato, el cual en sí mismo no es un refugio del todo seguro. Eventualmente Saroo es adoptado por una pareja australiana, en la que encuentra amor y seguridad mientras crece en Hobart.

 

Dirección: Garth Davis

Elenco: Dev Patel, Nicole Kidman, Rooney Mara.

Género: Drama, basado en una historia real.

Público adecuado: Adulto.

Erotismo medio. No violencia.

Calificación técnica: Buena.

Recomendación: Una salida interesante.

¿Los valores del deporte o un deporte con valores?

Todos hemos oído hablar de los valores del deporte: constancia, capacidad de sacrificio, trabajo en equipo, esfuerzo, afrontar retos… Estos valores se asocian a la imagen de los deportistas, y está bien, porque un deportista que ha llega a lo más alto tiene que haber destacado en todos ellos.

Los futbolistas Iker Casillas y Xavi Hernandez

futbolPero también parece que el haber obtenido reconocimiento a tu esfuerzo y trabajo lleva asociado el convertirte en un ejemplo a seguir, principalmente por los más jóvenes. Y es en este punto donde quizás las cosas empiezan a desvirtuarse. ¿Alguien les ha preguntado a los deportistas si quieren ser un ejemplo para las generaciones venideras? ¿Es justa esta exigencia? ¿Es justo exigir a un deportista que se convierta en un referente para los más jóvenes cuando toda su energía y concentración están orientadas a unos objetivos deportivos? Al fin y al cabo su club le ha contratado para entrenar y focalizarse en mejorar física y técnicamente…

Así que parece que tenemos un mundo por explorar: Clubs, Federaciones, Comités Olímpicos… Estas entidades, en su mayoría, tienen objetivos que no son exclusivamente deportivos. Muchos clubes realizan y, en muchos casos forma parte de sus estatutos fundacionales, actividades vinculadas con los jóvenes y niños. Las Federaciones tienen entre sus funciones la de desarrollar y potenciar la práctica deportiva entre la población y muy especialmente entre los mas jóvenes. Y los Comités Olímpicos defienden los valores del Olimpismo y los transmiten a la sociedad.

¿Son estas entidades las que deberían realizar esfuerzos y destinar recursos para transmitir esos valores a través de los deportistas? Seguramente es una mezcla de todo. Las entidades deberían destinar recursos y esfuerzos en transmitir los valores del deporte y utilizar a sus mejores embajadores, los deportistas. Y los deportistas deberían ser conscientes de que la parte deportiva es muy importante, pero que también deberían devolver una parte de su éxito y reconocimiento a la sociedad.

Nadal y Federer, ejemplo de fair play

nadalUna solución podría ser que los clubes dedicaran tiempo y recursos en formar a sus deportistas para convertirlos en sus perfectos embajadores y un ejemplo para los jóvenes. Del mismo modo que los deportistas deberían entender que ellos, aunque no lo hayan decidido de mutuo propio, son un espejo en el que la gran mayoría de los jóvenes se miran.

Además, redundaría en un beneficio para todos. Cuando un club ofrece una buena imagen al mundo, esto le coloca en una posición muy ventajosa ante los Sponsors que quieren vincularse a aquel club que el mundo percibe como referente.

Si los deportistas son valorados por los seguidores no sólo por su juego y éxitos, sino también como personas, seguramente sus contratos mejorarán, porque el público, que es el que finalmente paga, querrá tenerlos en sus equipos.

Y los jóvenes tendrán en sus ídolos el reflejo de valores como el sacrificio, el esfuerzo, la constancia, el respeto, el trabajo en equipo… además de la educación, la responsabilidad, la preocupación por los demás, la comunicación, etc…

¿Quién no quiere transmitir a sus hijos estos valores?

Fuente: Johan Cruyff Institute

¿NORMAS, CASTIGOS, LÍMITES, AUTORIDAD?

Aunque parezca lo contrario, los límites dan seguridad a los hijos… y a los padres.
Qué limites fijar y, sobretodo, cómo hacerlo es, hoy en día, una de las más -grandes preocupaciones a las que, padres y madres, nos enfrentamos. ¿Me habré pasado?, ¿es correcto gritar así?, ¿estará mi hijo traumatizándose?, ¿hasta dónde puedo llegar?, ¿es negativo el castigo? éstas, entre otras dudas, son preguntas a las que generalmente no sabemos contestar.

Esta situación genera, demasiadas veces, un sentimiento de ineficacia, de culpabilidad y otras respuestas demasiado permisivas, agresivas o fuera de lugar.
Fijar límites
Fijar límites, poner normas y ejercer la autoridad era hace una generación una tarea mucho más fácil, con menos complicaciones. Norma no cumplida se convertía en sanción segura. Los límites eran los mismos, o muy parecidos a nivel familiar y social.
Los objetivos de la sociedad coincidían con los de la familia. Esto convertía a cada adulto en “autoridad” frente a todos los hijos e hijas, propios o ajenos. Y las normas eran casi las mismas para todas las personas adultas.
Cuando no funcionaba, aparecía la agresividad verbal y física, las amenazas y el miedo a las consecuencias por haberse saltado el límite.
La situación ha cambiado, y las relaciones interpersonales dentro de la familia son más abiertas y cercanas. Ha aumentado el dialogo, e intentamos que los modos sean más positivos.
Pero algo nos está fallando. La autoridad y la disciplina, que antes se apoyaban en la imposición, ahora es muy difícil ponerlas en práctica.
Nos resulta complicado conjugar en un modelo el respeto a los sentimientos, el diálogo y el desarrollo de responsabilidades por un lado, con el ejercicio de la autoridad y la disciplina por el otro.
Actualmente la relación con nuestros hijos e hijas ha evolucionado positivamente y es más estrecha, pero a la vez no han evolucionado los métodos de control. Y no solo no han evolucionado, sino que recursos con los que se contaba antes, agresiones físicas, castigos excesivos, etc….. ahora no son considerados adecuados.
Además, los objetivos de la sociedad ya no coinciden con los de las familias. El aumento de libertad en la sociedad ha propiciado que ésta sea más permisiva que las familias.
Normas y leyes
Toda sociedad necesita tener sus normas y leyes que sean el marco dentro del cual las personas vivimos y nos relacionamos unas con otras. Son normas y leyes claras, que no admiten muchas interpretaciones y que nos dan seguridad.
Estas normas están, como característica primordial, asociadas a un castigo o responsabilidad por incumplimiento, consiguiendo que cada cual sea responsable de las consecuencias de sus conductas.
Este modelo ha de ser el mismo que funcione en la familia.
Por ejemplo:
1. El que tu hijo llegue más tarde de la hora a casa, puede tener una consecuencia inmediata, comunicada de antemano: el próximo fin de semana no saldrá.
Esta norma, correctamente entendida no es un castigo a una acción. Está en manos de tu hijo tener la posibilidad de salir el próximo fin de semana. De la misma manera que sabe que si no llega a la hora, es él que está decidiendo asumir la consecuencia de sus actos
2. Si tu hija no recoge los juguetes del suelo de su dormitorio antes de dormir, la consecuencia, que ella conoce, será que los recogerás tú y que no volverás a sacarlos en una semana.
Si conoce la norma y las consecuencias de su incumplimiento, ella será la que elige qué hacer. Y será la responsable de lo que ocurra.
Aprender este sistema es fácil, si quien lo enseña, lo hace correctamente.

Las normas en casa
¿Cómo son las normas en casa? ¿Quién las pone? La experiencia nos dice que cuando los hijos e hijas participan activamente en la elaboración de las normas, en la familia, o centros escolares, el grado de cumplimiento es muchísimo más alto, presentándose menos problemas.
Sin embargo, demasiadas veces, somos las madres y los padres quienes unilateralmente elaboramos e imponemos las normas. Y son normas que no entienden, con las que no están de acuerdo y que, a veces son innecesarias, superfluas o poco adecuadas.
Otras veces no está hablado de antemano cuáles serán las consecuencias de jugar con el balón en el salón o, pintar las paredes de casa o, mentir deliberadamente para eludir un castigo….. Esto hace que nuestra reacción, en caliente, fije un castigo excesivo e injusto..
El problema principal es la falta de coherencia de los padres y madres que amenazan excesivamente y que llegado el momento, no cumplen cor la sanción impuesta por comodidad pena o cualquier otra causa.
Resumiendo, una familia en la que se castigue sin avisar, exigiendo muchas normas con las que hijos e hijas no están de acuerdo, y en la que se relaja o se evitan las consecuencias de sus conductas negativas es totalmente incompatible con un ambiente mínimamente disciplinado.
Habitualmente el número de normas en cada familia suele ser enorme. Tantas que su cumplimiento resulta imposible.
Como también es dificilísimo y negativo dedicar la mayor parte de nuestro tiempo a perseguirles recordándoles cada una de ellas.
Recoge las zapatillas, lávate los dientes, ¿Te has lavado las manos?, haz los deberes, no te levantes tanto de la silla……… convertimos las normas en una serie de órdenes, y con ello les acostumbramos a que lo que tienen que hacer se hace cuando tú les avisas.
Otras veces en vez de órdenes, son quejas: ¿todavía no has acabado de vestirte?, ¿es que te tengo que decir todos los días que lleves el vaso del desayuno a la cocina y lo dejes en la fregadera?
Frecuentemente se trabajan como amenazas: si no te quitas los zapatos al llegar a casa, despídete de ver los dibujos animados, vuelve a mentirme y te quedarás diez días sin la consola, si vuelves a dejar tirados los calzoncillos en el cuarto de baño te ……………. Y para empeorar el efecto, la mayor parte de las amenazas no las cumplimos.
Esto se convierte en un juego entre hijos e hijas y padres y madres. Un juego con reglas cambiantes, que dependen más de cómo he pasado el día, cómo me siento y lo cansado que pueda estar. Un juego que solemos perder padres y madres.
Por tanto, para hacer la disciplina más flexible y firme tenemos que tener en cuenta una serie de aspectos esenciales.
– Elaborar o hablar las reglas o normas, su necesidad y las condiciones en las que se deben cumplir con nuestros hijos e hijas. Por ejemplo, por qué es necesario lavarse los dientes o, avisar cuando se va a llegar tarde o, no mentir o, ducharse todos los días o, no dejar la ropa o los juguetes tirados etc.
– Para evitar la excesiva repetición, tenemos que pensar qué consecuencias puede tener el incumplimiento de cada una de las normas. Y tratar de llegar a un acuerdo en este punto.
– En los dos pasos anteriores se ha de ser flexible. Contar con todos los puntos de vista, y ceder un poco para que nuestros hijos e hijas aprendan igualmente a ceder.
– A partir de aquí, para que el proceso discurra positivamente se ha de ser firme. Y ser firme quiere decir cumplir lo hablado. No permitirles en ningún momento traspasar el límite, sin excepciones. Aplicando estos pasos a un caso real podría quedar de este modo: si nos enfrentamos a la situación de un hijo o hija que llega tarde a casa, tenemos que definir con flexibilidad qué es llegar tarde, dando un margen de tiempo. Así, si la hora de llegada son las 10, estará autorizado a llegar hasta las 10,30.

En el momento de decidir qué pasará si llega tarde, incentivar también cuando se dé el comportamiento positivo, ser puntual y llegar antes de las 10. Implicarle en la decisión de cuál será el castigo y cuál el incentivo, que pudiera ser, no salir el siguiente fin de semana o poder llegar una hora más tarde.
Finalmente se formularía así: Si la hora de llegada son las 10 de la noche, puedes llegar hasta las 10,30. Si llegas más tarde, el próximo fin de semana no saldrás, pero si llegas antes de las 10, podrás llegar a las 11 el siguiente día que salgas.
A partir del momento en que quede todo definido, hay que cumplir a rajatabla lo decidido. Si se incumple, por ejemplo permitiendo que llegue más tarde, y no teniendo consecuencias el siguiente día, el modelo deja de funcionar.

Hay algunas situaciones en las que la elaboración de unas normas, e incluso la manera de imponerlas, puede ser menos participativa y dialogante. Y son aquellas en que existe peligro para la vida o para la salud de tu hijo o hija. En estos casos no existe la opción del incumplimiento por su parte. Por ejemplo, lavarse los dientes o la toma de medicamentos, circunstancias peligrosas como acercarse a las ventanas o cruzar las calles sin mirar, etc.
Está comprobado que en un ambiente disciplinado, es más fácil la convivencia, se desarrolla una autoestima más alta, nuestros hijos e hijas son más autónomos y se van haciendo cada día más responsables, y todos y todas nos sentimos mejor.

Fuente: sontushijos.org

Rezando con el Papa Francisco sobre el amor – Soporta todo

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Rezando con el Papa Francisco sobre el amor – Soporta todo

Nuestro amor cotidiano

  1. En el así llamado himno de la caridad escrito por san Pablo, vemos algunas características del amor verdadero:

«El amor es paciente,
es servicial;
el amor no tiene envidia,
no hace alarde,
no es arrogante,
no obra con dureza,
no busca su propio interés,
no se irrita,
no lleva cuentas del mal,
no se alegra de la injusticia,
sino que goza con la verdad.
Todo lo disculpa,
todo lo cree,
todo lo espera,
todo lo soporta» (1 Co 13,4-7).

Esto se vive y se cultiva en medio de la vida que comparten todos los días los esposos, entre sí y con sus hijos. Por eso es valioso detenerse a precisar el sentido de las expresiones de este texto, para intentar una aplicación a la existencia concreta de cada familia.

Soporta todo

  1. Panta hypoménei significa que sobrelleva con espíritu positivo todas las contrariedades. Es mantenerse firme en medio de un ambiente hostil. No consiste sólo en tolerar algunas cosas molestas, sino en algo más amplio: una resistencia dinámica y constante, capaz de superar cualquier desafío. Es amor a pesar de todo, aun cuando todo el contexto invite a otra cosa. Manifiesta una cuota de heroísmo tozudo, de potencia en contra de toda corriente negativa, una opción por el bien que nada puede derribar. Esto me recuerda aquellas palabras de Martin Luther King, cuando volvía a optar por el amor fraterno aun en medio de las peores persecuciones y humillaciones: «La persona que más te odia, tiene algo bueno en él; incluso la nación que más odia, tiene algo bueno en ella; incluso la raza que más odia, tiene algo bueno en ella. Y cuando llegas al punto en que miras el rostro de cada hombre y ves muy dentro de él lo que la religión llama la “imagen de Dios”, comienzas a amarlo “a pesar de”. No importa lo que haga, ves la imagen de Dios allí. Hay un elemento de bondad del que nunca puedes deshacerte […] Otra manera para amar a tu enemigo es esta: cuando se presenta la oportunidad para que derrotes a tu enemigo, ese es el momento en que debes decidir no hacerlo […] Cuando te elevas al nivel del amor, de su gran belleza y poder, lo único que buscas derrotar es los sistemas malignos. A las personas atrapadas en ese sistema, las amas, pero tratas de derrotar ese sistema […] Odio por odio sólo intensifica la existencia del odio y del mal en el universo. Si yo te golpeo y tú me golpeas, y te devuelvo el golpe y tú me lo devuelves, y así sucesivamente, es evidente que se llega hasta el infinito. Simplemente nunca termina. En algún lugar, alguien debe tener un poco de sentido, y esa es la persona fuerte. La persona fuerte es la persona que puede romper la cadena del odio, la cadena del mal […] Alguien debe tener suficiente religión y moral para cortarla e inyectar dentro de la propia estructura del universo ese elemento fuerte y poderoso del amor»[114].
  2. En la vida familiar hace falta cultivar esa fuerza del amor, que permite luchar contra el mal que la amenaza. El amor no se deja dominar por el rencor, el desprecio hacia las personas, el deseo de lastimar o de cobrarse algo. El ideal cristiano, y de modo particular en la familia, es amor a pesar de todo. A veces me admira, por ejemplo, la actitud de personas que han debido separarse de su cónyuge para protegerse de la violencia física y, sin embargo, por la caridad conyugal que sabe ir más allá de los sentimientos, han sido capaces de procurar su bien, aunque sea a través de otros, en momentos de enfermedad, de sufrimiento o de dificultad. Eso también es amor a pesar de todo.

Décimo Tercer y última entrega del Capítulo cuarto. EL AMOR EN EL MATRIMONIO

Exhortación apostólica AMORIS LAETITIA del Papa Francisco