CÓMO APRENDER A VER CINE EN FAMILIA

Adaptación
Fuente: sontushijos.

…Antes de lanzarte a ver cualquier película fomenta el pensamiento crítico
….. La actualidad y el consumo manda y a los niños de ahora les gusta ver las novedades. Además las campañas de publicidad en las que las productoras se gastan millonadas hacen su labor y taladran a nuestros hijos con los últimos títulos.
No en vano, las compañías cinematográficas se han dado cuenta del buen tirón que supone las vacaciones para sus ventas. No es de extrañar porque en vacaciones es cuando más tiempo libre disfrutamos en familia y el cine- con su magia- supone un buen plan para hacer del día algo especial.
La oferta de cine infantil para estas vacaciones es espectacular: comedias, películas de animación, fantasía, superhérores, aventuras….son los géneros que nos proponen…
Como el cine no es barato y la oferta es muy abundante, conviene que los padres tengamos algo de criterio para hacer una buena selección sobre las películas que conviene ver con cada uno de nuestros hijos. Desde aquí les propongo algunos pasos a seguir:
Pasos para aprender a ver cine
1. Leer las críticas.Antes de ir a ver cualquier película puede ser interesante que leas las críticas que se le han hecho en publicaciones de las que te fíes. En algunos medios, no existe tal crítica sino simplemente publicidad.
2. No tener miedo de ir a contracorriente.No hace falta ver lo que todos. Que una película esté de moda no significa que sea buena y en educación es más edificante la mesura que la abundancia.
3. Mantenerse informado.Quizá puedas adelantarte a tus amigos, proponiendo buenas películas, en vez de las de moda que quizás, no aporten nada.. Y otras veces esta información nos ayudará a argumentar, con más peso, las razones de porqué no nos ha gustado esa película que acabamos de ver.
4.- Seleccionar: las películas como los libros echan raíces en el alma. Pueden llenarnos de historias nobles, altas aspiraciones o contaminarnos de pobres visiones de la vida.
Es muy importante aplicar la selección para adecuarnos a la edad de cada hijo.
5. Aprovecha la película para educar:

Hay que tener presente que los hijos deben aprender los valores antes que nada en el ámbito de la familia, y en la convivencia con los demás, y no en los personajes y acciones del cine.
Inevitablemente habrá contenidos contrarios a los valores familiares. Es por ello que los padres debemos fomentar que las películas sean analizados y hablados en familia. Esto no sólo enriquece a todos, sino que es una muy buena manera de dar un apoyo concreto a la educación de nuestros hijos.
Ante una película infantil con baja, discutible y reprobable calidad, los padres de familia pueden realizar una crítica constructiva en aquellos film que estimen más adecuados.

Autor: Carmen de Andrés
Coordinadora de Comunicación del Grupo Educativo COAS.
Miembro de ATELEUS (Asociación de Telespectadores y Radioyentes de Euskadi).
Original para sontushijos

El humor fortalece

El humor fortalece al matrimonio y a la familia… pero, cuidado, hombres y mujeres no lo usan igual
Fuente: lafamilia.info
P.J.Ginés/ReL

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Elena Granata, profesora de la Universidad Politécnica de Milán, ha dedicado tiempo a investigar el papel del humor en la vida del matrimonio y la familia, y ha plasmado algunos de los hallazgos de los expertos en un interesante libro, Reír en familia (Ciudad Nueva, 2017).

Por ejemplo, es muy común escuchar decir a mujeres que tal o cual hombre les conquistó «porque me hacía reír». Robert Provine, profesor de neurociencia de la Universidad de Maryland, ha investigado las formas en que hombres y mujeres usan la risa y ha encontrado diferencias (aplicables al menos a la cultura norteamericana y probablemente a toda la Occidental).

1. En general, las mujeres ríen más que los hombres, especialmente cuando están en grupos mixtos.

2. Cuando un hombre habla a una mujer, ésta ríe más que él.

3. Los hombres encuentran atractivas a las mujeres cuando ríen… y entienden la risa como una invitación a continuar el trato.

4. La capacidad de apreciar el humor y la de hacer reír parecen repartidas por igual en ambos sexos.

La ironía de ellas ayuda; la de ellos, no

Cuando un matrimonio lleva ya años casado, pueden tener un lenguaje codificado de bromas e ironías que les ayuda a sobrellevar los problemas.

Sin embargo, puede ser contraproducente en casos muy concretos. Un ejemplo lo da el estudio de 1997 de Catherine Cohan y Thomas Bradubury. Descubrieron que en un luto grave, por la muerte de un ser querido, o en una crisis grave, como perder el trabajo, el marido puede recurrir a la ironía y el humor y eso daña y molesta gravemente a la esposa. Detectaron que las posibilidades de ruptura o separación en los 18 meses siguientes aumentaban en estos casos. Se sospecha que la mujer percibe la ironía masculina como una forma de esquivar el problema o de rechazar afrontarlo en serio, como si el marido huyera de su responsabilidad.

Por el contrario, cuando la que es autoirónica es la mujer, a ella (y a la pareja) le va bien. El psicólogo John Gottman descubrió que la ironía de la mujer ayudaba a rebajar la tensión y el enfado de su marido… algo que, al parecer, no funciona igual si el irónico es el marido, al menos en los temas realmente graves que hemos comentado.

Las parejas con mujeres irónicas lograban matrimonios más estables que las parejas con mujeres poco o nada irónicas, según el artículo «Umorismo di genere» de 2010, en la revista «mente e cervello».

Elena Granata deduce, por lo tanto: «Queridas amigas, reírnos de nosotras mismas, de nuestros defectos, de nuestras idiosincracias, de nuestras pequeñas manías y debilidades puede ser de gran ayuda para aquellos que tienen la suerte de vivir a nuestro lado».

En una época de matrimonios cansados

Elena Granata enseguida anima a aplicar el humor especialmente a los matrimonios de nuestra época acelerada, cansados y agobiados.

«Nos vamos acostumbrando a comunicaciones solo de servicio («¿han hecho los deberes los niños?», «te acordaste de comprar lo que te dije»?, «¿ya te dije que mi padre vendrá esta semana?»); se convierte en costumbre programar jornadas demenciales («entonces quedamos que yo recojo a la pequeña en el jardín de infancia, después voy corriendo a la reunión en la universidad, a las 5 voy a la catequesis de primera comunión y tú te ocupas de los otros dos»); se hace rutina irnos a la cama por la noche con la lista de cosas que no hemos hecho y nos esperan al día siguiente; y vemos normal meternos los dos en la cama pero amenacer cuatro -los niños se meten sigilosamente entre las sábanas-; nos acostumbramos a no ver más la sonrisa en los ojos del otro. Y esta última es la más imperdonable de las distracciones».

En este estadio, es importante dar un paso: «reírnos de nosotros mismos evita que volvamos a las cavernas».

Repetir las emociones positivas

«Reírnos es fundamental. Recordar los momentos placenteros del pasado y del presente despierta las emociones positivas, que así pueden repetirse. Es como regresar a un lugar donde estuvimos felices, degustando el sabor de aquellas emociones», escribe la autora.

El libro analiza también la importancia de la risa en el trato con los niños, y la importancia de dejar que los niños se puedan reír de los padres en ocasiones adecuadas. Reír, afirma el libro en otro capítulo, es «un pegamento para la familia», y una riqueza que la familia comparte. Puede ir ligada al juego muy a menudo y es sano para el adulto porque ayuda a retornar a las alegrías de la infancia. También en el sufrimiento y el dolor el humor y la risa son armas sanadoras, explica el libro ya hacia el final.

6 consejos para vivir con humor
El libro termina con 6 recomendaciones para «cultivar la dimensión humorística de la vida».

1. Reír siempre al inicio y al final de cada día.
2. Sonreír de la vida y de nosotros mismos.
3. Usemos el humor con inteligencia para fortalecer lazos.
4. Dejar que nuestros hijos se rían de nosotros y con nosotros.
5. Reír bien es reír con otros: ríe con amigos.
6. Con humor y valentía puedes cambiar las cosas.

Prestar atención

El 62% de los niños siente que sus padres no le prestan atención por estar pendiente del móvil

Fuente: Lafamilia.info Colaboración FamilyandMedia – 30.06.2017

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Los padres nos lamentamos del uso excesivo de la tecnología en los niños y jóvenes de hoy, y estamos preocupados por las consecuencias que esto tendrá en sus vidas. ¿Pero nos hemos mirado al espejo? ¿Nos hemos preguntado si el e-mail de turno no puede realmente esperar hasta el final de la cena?

Digamos las cosas como son: el smartphone “ha vuelto aceptables comportamiento que hace pocos años habrían sido definidos de gran mala educación”. No lo digo yo, lo dice Ariela Mortara, profesora de Sociología del consumo en el Lulm (Universidad Libre del Lenguaje y la Comunicación) de Milán, y tiene razón. “La posibilidad de compartir experiencias con amigos virtuales, en vez de con los comensales”, nos ha vuelto incapaces de pasar una comida entera sin WhatsApp, selfie y e-mails.

Que sea importante, urgente, necesario o solo por diversión, siempre hay una notificación que aparta nuestra atención de aquello en que estábamos. Una interferencia constante en nuestra vida personal y profesional, un billete solo de ida para esa que ha sido definida la era de las distracciones.

La verdad es que la dependencia digital es la más transversal de las dependencias. Tenemos el teléfono siempre a mano, esperamos el semáforo para responder a los mensajes y, aún peor, no miramos más a la cara a quien nos habla. Ni siquiera a nuestros hijos.

Hablamos mal de los nativos digitales pero los primeros que necesitamos una desintoxicación tecnológica somos nosotros. Y si es verdad que los niños no aprenden de lo que decimos, sino de lo que hacemos, la solución está detrás de la puerta.

El mundo en el que vivimos nos abruma de datos y estímulos difíciles de gestionar para dejar el espacio adecuado a la productividad y a la creatividad. En su libro Focus, Goleman habla del rol fundamental que juega la atención en el modo en el que afrontamos la verdad. Este recurso mental sutil, esquivo e invisible nos pone en conexión con el mundo, plasmando y definiendo nuestra experiencia.

La capacidad de hacer más cosas simultáneamente es, sin duda, un recurso y una competencia, pero la exasperación de esta “habilidad”, nos ha vuelto incapaces de focalizarnos sobre una cosa a la vez. La era de la distracción, de hecho, no es otra cosa que la evolución negativa de tanto admirado concepto de multitasking.

El 47% de los profesionales señala como causa principal de las interminables reuniones de trabajo el hecho que los participantes están continuamente distraídos con los móviles. Pero el dato más preocupante es que el 62% de los niños siente no tener la completa atención de los por los padres cuando habla. Y ¿adivináis por qué? ¡Porque miran a menudo el móvil!

Como de costumbre, los americanos han llegado antes que nosotros y han hecho también de esto un negocio. Han inventado Pause (Pausa) www.pauseit.com, una caja de diseño elegante que bloquea la señal wi-fi, los mensajes y las llamadas entrantes. Basta poner en orden los móviles para crear momentos sin distracción en familia, en la oficina, en la escuela. Una invitación a conectarse solo con las personas que están junto a nosotros, eliminando todo tipo de actividad y conversación virtual.

En el video promocional, las personas tienen un móvil pegado al rostro mientras comen, trabajan e incluso cuando duermen. “Echo de menos jugar juntos más de cinco minutos, antes que cuando todos corrían para mirar el teléfono”, dice el niño del vídeo, “y tengo miedo del futuro porque si ahora estamos así que existen los Smartphone solo desde hace diez años, ¿qué será de nosotros dentro de veinte años?”

La idea, sencilla pero eficaz, ha encontrado su alter ego también en Italia: en Torino Eataly, los clientes de la hamburgueserías low food muy conocida deben dejar los móviles en una Black Phone Box. Para quien aguanta hasta el final de la comida sin móvil, ¡el postre es gratis!

Seamos objetivos: ¡serán ideas originales, pero se trata del “descubrimiento del agua caliente!”

¿Realmente necesitamos una caja de diseño que cuesta 40 dólares o ir a un restaurante donde unos desconocidos nos tienen que recordar que estamos allí para cenar y hablar con quien nos sentamos de frente?

Si para nosotros es sagrada la calidad del tiempo que pasamos en familia, si para nosotros es importante hacer productivo el tiempo que dedicamos al trabajo, ¿qué nos impide dejar el teléfono en un bolsillo del bolso durante media hora?

¿Dónde ha terminado nuestra fuerza de voluntad?

¿Por qué no elegimos tener el control sobre los medios y los instrumentos de los que disponemos? ¿No es esto lo que pedimos a nuestros hijos? Bien, demostremos que nosotros somos los primeros capaces de hacer un uso moderado y consciente.

Y si nuestra motivación se ha debilitado al punto de no lograr dejar el teléfono en el bolsillo del abrigo ni siquiera durante una hora, entonces definamos para todos un marco de tiempo para vivir juntos sin pantallas ni wi-fi. ¡Tomemos una bonita caja de zapatos, decorémosla como más nos guste y paremos al intruso!

No se trata de ironía barata. El tiempo transcurrido en familia y, sobre todo en la mesa, tiene un valor inestimable para edificar la unión familiar; la conexión emotiva es la mejor protección que podemos ofrecer a nuestros hijos, porque será gracias a esta unión que lograremos ayudarles a construir la propia identidad. Es este el tipo de educación que en la vida les protegerá del uso nocivo de las nuevas tecnologías y de ellos mismos.

Crear sanas costumbres digitales tiene exactamente la misma importancia que las sanas costumbres alimentarias, higiénicas y de estudio. Nadie quiere demonizar la tecnología. Yo no me acuerdo ni siquiera cómo se hacía para encontrar una dirección antes de Google Maps, pero creo que, como decía mi abuela, todo exceso es un defecto.

Enseñemos a nuestros hijos el valor del tiempo, la posibilidad de elegir de forma consciente y ayudémosles a desarrollar un espíritu crítico. Hagámoslo con nuestro ejemplo, en el tiempo que pasamos con ellos, estando ahí por ellos al 100%. Porque eso que se comparte a la mesa, en familia, va mucho más allá de la comida. Y entonces, pongamos en pausa las distracciones externas y reevaluemos la convivencia, esa realidad amable, tibia, constructiva y densa de significado: ese que tiene firme la unión emocional y acerca a los miembros de la familia. Eso que, en dos palabras, “¡hace familia!”

Colaboración de www.FamilyandMedia.eu para LaFamilia.info