Cómo validar las emociones de los niños

Por Carolina Guzmán García / @abcdemifamilia – 24.02.2020

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¿Alguna vez te has preguntado si validas las emociones de tus hijos, o de lo contrario las niegas con frases como: “No llores, sé fuerte”, “llorando no solucionas nada”, “si estás triste no eres agradecido”? 

Pues lo cierto es que la base de la Inteligencia Emocional es el conocimiento de las emociones y este aprendizaje comienza en la infancia. Sobre este tema, compartimos con ustedes el siguiente escrito de Carolina Guzmán, además de ser mamá de cinco niñas y ser la creadora del blog @abcdemifamilia, tiene una Maestría en Asesoría Familiar de la Universidad de la Sabana y estudios en disciplina positiva, quien nos brinda ejemplos claros y prácticos para que validemos las emociones de nuestros hijos. 

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 Quiero contarte que mi inquietud por la crianza ha sido fruto de mi propia experiencia con la maternidad, con el nacimiento de mi tercera hija todo se revolcó. Me pregunté muchas cosas sobre la educación que estaba dando a mis hijas y qué había recibido en mi niñez. El estudio, los libros y la vida misma, se han encargado de revelarme lo maravilloso que es la maternidad y hoy con orgullo puedo decir que ser mamá de 5 muñecas es algo que disfruto y no que padezco, por eso quiero compartirte unas reflexiones que han nacido de la lectura de una de mis autoras preferidas: Jane Nelsen, para que descubramos el maravilloso mundo de validar una emoción, en primer lugar para nosotros como padres y en segundo lugar para nuestros hijos!

 ¡Validando emociones!

 Todos los seres humanos experimentamos sentimientos, desde que somos niños descubrimos las emociones y es responsabilidad del adulto validar la emoción (reconocerla, ponerle nombre), aún cuando para el niño sea difícil gestionarla. Para los niños es difícil controlar su emoción, si se sienten enojados, frustrados, tristes probablemente quieren manifestarla pegándole a alguien, tirando algún juguete o insultando al adulto con cosas como: ¡no te quiero!

 ¿Qué hacer en estos casos? El adulto debe moderar y validar, acá hay algunos ejemplos:

 – Veo que estas enojado, tal vez necesites un tiempo para tranquilizarte y ahora podemos conversar. (Hay niños que cuando se les dice esto, no aceptan que nos movamos del lugar y los dejemos solos) si podemos acompañarlos en silencio hagámoslo, generalmente la validación del sentimiento permite que el niño se abra a conversar o a buscar otra solución.

 – Entiendo que te estés frustrada, pero eso no justifica que le pegues a tu hermana, ¿cómo crees que se siente ella cuando le pegas?

 – Yo también me he sentido así y quisiera salir corriendo o gritar, pero he aprendido que respirando, tomando agua, recibiendo un abrazo, etc… logro calmarme y ver las cosas diferentes.

 Importante: Validar el enojo, no significa que está bien pegarle a otro. El problema no es sentir sino la manera en que manifestamos eso que sentimos. Es correcto sentir rabia pero no es correcto pegar a otro porque tengo rabia.

 Para los padres de hoy es difícil validar sentimientos, no porque no los sintamos sino porque fuimos educados sin que nos los validaran, todo el tiempo estamos evitando sentir. De niños nos dijeron cosas como: “Los niños son fuertes y no lloran”, “llorando no solucionas nada”, “si estas triste no eres agradecido” y de alguna manera nos – bloquearon- para aprender a reconocer no solo los sentimientos de nuestros hijos, sino los nuestros.

 Esto implica un entrenamiento, empezar a nombrar las emociones básicas y luego avanzar a otras menos comunes, aceptar que nuestros hijos las nombren y escuchar sin debatir (“Mami es que tengo rabia”, responder “no no tienes rabia, tienes es cansancio” es un claro ejemplo de un control emocional que no permite al niño autonomía emocional”)

 Fórmula de honestidad emocional:

“Me siento_________________ porque___________________ y quisiera___________________”

 “Me siento triste porque perdí mi juguete y quisiera encontrarlo”

 ¿Ante esta afirmación qué sentimos? Seguramente la mayoría sentimos claridad de cómo podemos ayudar a nuestro hijo, pero nuevamente para que nuestros hijos logren expresarlo primero los debemos entrenar.

 “Me siento enojada cuando mi hermana me pega, porque me duele y quisiera que no lo siga haciendo”.

 Importante: Conversar cuando los niños están alterados es difícil, siempre será mejor tener un tiempo de enfriamiento, de calma.

 Otra cosa importante: Las rutinas previenen muchas situaciones que generan enojo en los niños, cuando tenemos rutinas, disminuimos la cantaleta porque no es la mamá o el papá el que indica que sigue si no la tabla de rutinas. No es lo mismo: Hora de bañarse que la mamá diga “debes bañarte ya”.

Cinco remedios contra la tristeza

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Cada uno de nosotros ha atravesado días tristes, días en los cuales no se logra superar una cierta pesadez interior que contamina el ánimo y dificulta las relaciones con los demás. ¿Existe algún truco para superar el malhumor y recuperar la sonrisa? Santo Tomás de Aquino propone cinco remedios de sorprendente eficacia contra la tristeza.

  1. El primer remedio es concederse un placer

Es como si el famoso teólogo hubiese intuido ya hace siete siglos la idea, tan difundida hoy, de que el chocolate es antidepresivo. Quizá parezca una idea materialista, pero es evidente que una jornada llena de amarguras puede terminar bien con una buena cerveza. Que algo así sea contrario al Evangelio es difícilmente demostrable: sabemos que el Señor participaba con gusto en banquetes y fiestas, y tanto antes como después de la Resurrección disfrutó con gusto de las cosas bellas de la vida. 

  1. El segundo remedio es el llanto

 A menudo, un momento de melancolía es más duro si no se logra encontrar una vía de escape, y parece como si la amargura se acumulase hasta impedir llevar a cabo la tarea más pequeña. El llanto es un lenguaje, un modo de expresar y deshacer el nudo de un dolor que a veces nos puede asfixiar. 

  1. El tercer remedio es la compasión de los amigos

 Me viene a la cabeza el personaje del amigo de Renzo, en el famoso libro Los novios, que en una gran casa deshabitada a causa de la peste va desgranando las grandes desgracias que han sacudido a su familia. «Son hechos horribles, que jamás hubiera creído que llegaría a ver; cosas que quitan la alegría para toda la vida; pero hablarlas entre amigos es un alivio». Es algo que hay que experimentar para creerlo. Cuando uno se siente triste, tiende a ver todo de color gris. En esas ocasiones es muy eficaz abrir el alma con algún amigo. A veces basta un mensaje o una llamada de teléfono breve y el panorama se ilumina de nuevo. 

  1. El cuarto remedio es la contemplación de la verdad

Del fulgor veritatis del que habla san Agustín. Contemplar el esplendor de las cosas, en la naturaleza o una obra de arte, escuchar música, sorprenderse con la belleza de un paisaje… puede ser un eficaz bálsamo contra la tristeza. Un crítico literario, pocos días después del fallecimiento de un querido amigo, tenía que hablar sobre el tema de la aventura en Tolkien. Inició así: «Hablar de cosas bellas ante personas interesadas es para mí un verdadero consuelo…» 

  1. Dormir y darse un baño

 El quinto remedio propuesto por santo Tomás es el que quizá uno menos podría esperar de un maestro medieval. El teólogo afirma que un remedio fantástico contra la tristeza es dormir y darse un baño. La eficacia del consejo es evidente. Es profundamente cristiano comprender que para remediar un mal espiritual a veces resulta necesario un alivio corporal. Desde que Dios se ha hecho Hombre, y por tanto ha asumido un cuerpo, el mundo material ha superado la separación entre materia y espíritu.

Conferencia de Carlo de Marchi, vicario de la región de Italia Centro-Sur, pronunciada en un Congreso Eclesial en Florencia (Italia).

 

10 propósitos para el nuevo año

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Marco Antonio Guizar/ReL (Adaptación)

Foto: Freepik

Cada inicio de año se nos da la oportunidad de revisar la vida que llevamos y plantearnos mejoras en todos los aspectos; uno de ellos, el familiar. Para ello compartimos estos diez propósitos que ha elaborado el autor Marco Antonio Guizar para iniciar este nuevo ciclo con miras a la vida familiar.

1. Disponibilidad

Consiste en dedicar tiempo (¡que es lo que menos tenemos!) a atender a nuestros hijos y esposo/a. (…) No vale lo de «este tema ya lo hablaremos el sábado con tranquilidad, cariño». (…). Hay que estar disponible, porque hay problemas que sólo se arreglan en el momento en que el otro se anima a plantearlo y pide ser escuchado. (…) Demos tiempo al otro.

2. Comunicación entre padres e hijos

Que los padres hablen menos y escuchen más. Escuchar a los hijos (o al cónyuge, a cualquiera) es un esfuerzo activo. Hay que dejar lo que se está haciendo, girar la cabeza hacia quien te habla, mirar a los ojos, expresar atención. Eso es escucha activa, que es la que sirve para mejorar la autoestima de tu familia.

3. Coherencia en los padres, autoexigencia en los hijos

Uno es coherente cuando lo que piensa, siente, dice y hace es una sola y misma cosa. No tiene sentido decirle a los niños desde el sofá: «Ayudá a mamá a levantar la mesa». Hay que dar ejemplo primero. (…)

4. Tener iniciativa, inquietudes y buen humor, especialmente con el cónyuge

Estos tres factores son útiles para la autoestima familiar. La rutina es un enemigo en las relaciones conyugales y con los hijos (…). Las mejores horas deben ser para compartir con el esposo o esposa.

Ser papá o mamá no debe hacernos olvidar que somos «tú y yo, nosotros». Creatividad e iniciativa protegen a la pareja de la rutina (…) si la pareja va bien, los hijos aprenden su «educación sentimental» simplemente viendo cómo se tratan papá y mamá, viendo que se admiran, se halagan, se alaban, son cómplices (…).

5. Aceptar nuestras limitaciones y las de los nuestros

Hay que conocer y aceptar tus limitaciones, las de tu cónyuge, las de tus hijos. Pero es importantísimo no criticar al otro ante la familia, no criticar a tu cónyuge ante los niños, o a un niño ante los hermanos, comparando a un hermano «bueno» con uno «malo». Eso hace sufrir al hijo y le quita autoestima. Es mejor llevarlo aparte y hablar.

6. Reconocer y reafirmar lo que vale la otra persona

(..) Tenemos que saber (grandes y pequeños) que somos buenos en unas cosas y no en otras (…) y aprender a tolerar la frustración (..). Reafirmemos al otro en lo que vale, y se verá a sí mismo como lo que es, una persona valiosa.

7. Estimular la autoestima personal

Uno se hace bueno a medida que va haciendo cosas buenas. … Esta idea ayuda a tener autonomía personal, hacer las cosas por nosotros mismos, para mejorar nosotros.

8. Diseñar un proyecto personal

No irás muy lejos si no sabes donde quieres ir. Quedarte quieto no es factible, uno tiende a volver a quedarse atrás. Has de tener un proyecto personal para crecer, y atender y ayudar a discernir y potenciar los proyectos de los tuyos.

9. Tener un nivel de aspraciones alto pero realista

Hemos de jugar entre lo posible y lo deseable. Si aspiramos alto, nos valoraremos bien, tendremos autoestima. (…)

10. Elijamos buenos amigos y amigas

(…) Necesitamos más que nunca amigos humanos, personas, grandes y buenos amigos, con los que compartir muchas horas, conversaciones sinceras y cercanas, amistades de verdad, que te apoyen y te conozcan auténticamente,que te acepten con tus fallos y potencien lo mejor en ti.

“Estos principios se pueden aplicar siempre en la familia, pero el inicio de año es una buena excusa para repasarlos y hacer propósito de mejorar en ellos”.

Fuente: ReligiónEnLibertad