Lecciones de Viktor Frankl sobre la adversidad que te pueden ayudar

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Viktor Frankl, psiquiatra, escritor y fundador de la logoterapia, estuvo internado durante la II Guerra Mundial en varios campos de concentración. Esa experiencia y su formación, le permitieron hacer una gran reflexión sobre el sentido de la vida, también sobre la adversidad, que plasmaría en diversos libros, entre los que destaca “El hombre en busca de sentido”.

En medio de esta pandemia del coronavirus, se han presentado situaciones que nos producen sufrimiento y que no sabemos cómo afrontar, por eso las lecciones que nos puede dar una persona que estuvo tres años en un campo de concentración y supo superarlo, se deben considerar para hacernos ver la vida desde otra perspectiva y para motivarnos día a día. Estas son algunas de las lecciones que nos enseñó Viktor Frankl sobre la adversidad.

1. La importancia de elegir

La diferencia entre una persona que sabe superar sus problemas y enfrentarse a la adversidad en la vida y una persona que no logra esa superación, es que la primera es una persona que decide, que elige ser una cosa u otra, a pesar de las condiciones que le toque vivir.

2. La vida tiene sentido en cualquier circunstancia

El Doctor Frankl habla en este sentido de la desesperanza como una operación matemática. La desesperanza es igual a sufrimiento sin propósito. Si una persona no puede encontrar un sentido a su sufrimiento, tenderá a la desesperanza. Pero si la persona es capaz de encontrar un sentido a la adversidad, puede convertir sus tragedias en un logro, en una forma de superación.

3. Tus acciones diarias te llevan a ser la mejor versión de ti mismo

Esa es una pregunta que nos debemos hacer cada día para saber quiénes somos y quiénes queremos ser, para lograr ser la mejor versión de nosotros mismos, para mostrar lo extraordinario que hay en cada uno y que los demás lo vean y puedan apreciarlo.

4. Piensa en por qué o por quién vale la pena vivir

Todos tenemos un por qué o por quién vivir, una razón que nos permite seguir adelante cada día, que nos motiva y que da sentido a cada segundo de nuestra existencia, a cada paso que damos o a cada acción que realizamos. Cómo reaccionamos ante condiciones que no pueden ser cambiadas, depende de nosotros.

Si no poder para cambiar la situación, siempre podemos elegir nuestra actitud frente a esa situación. Es decir, siempre hay algo en nuestro interior que podemos cambiar, cómo nos sentimos, siempre hay una parte de nosotros mismos que depende sólo de nosotros.

No importa que no esperamos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros. Piensa en lo que le aportas a la vida, en lo que espera la vida de ti, porque nuestra vida nos cuestiona y nos exige continuamente.

Lo que debemos preguntarnos es qué podemos hacer para cambiar nuestra vida, qué le aportamos al mundo y reaccionar en consecuencia.

5. La adversidad y el sufrimiento existen

Todo lo malo de nuestra vida es algo que existe y que debemos aceptar. Se crea una tensión entre lo que ya se ha logrado y lo que todavía queda por lograr. No necesitamos vivir sin adversidades, sino saber que van a existir, que son parte de la vida y que debemos luchar por algo que merezca la pena, dar un sentido.

6. Nadie es indispensable, pero todos somos irremplazables

Cuando se acepta que es imposible reemplazar a una persona, se manifiesta la responsabilidad que el hombre asume ante su existencia. Un hombre que se hace consciente de que le espera una persona o de que tiene una obra inconclusa, asume su responsabilidad y conoce el por qué, el sentido de su vida.

7. Descubre el sentido de tu vida

El interés del hombre no es encontrar el placer o evitar el dolor, sino encontrar el sentido de la vida. Incluso en los momentos en los que sufrimos, debemos encontrar un sentido a ese sufrimiento.

Nadie puede ponerse en tu lugar y sufrir por ti, por lo que tu única oportunidad es la actitud que adoptes ante el sufrimiento. Todos tenemos una razón de ser, pero a veces, no somos conscientes de esa razón. ¿Qué visión tienes ahora sobre la adversidad?

Cuando contradecís a tu cónyuge, confundís a tus hijos

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Cuando se presentan desacuerdos entre papá y mamá con respecto a la autoridad, se afecta tanto el matrimonio como la relación con los hijos, te explicamos por qué.

Si uno de los cónyuges niega pero el otro afirma, si uno empuja y el otro detiene, si uno castiga y el otro premia… los hijos perderán el rumbo, no sabrán a cuál padre obedecer y terminarán desatendiendo la autoridad. Lograr un acuerdo ente los padres para la buena crianza, es una de las formas más efectivas de generar estabilidad y confianza en los hijos.

Un camino, dos direcciones

Los permisos, las salidas, el manejo del tiempo libre, los horarios, las comidas, el desempeño escolar y el manejo de la autoridad, son algunos de los temas que dan lugar a desacuerdos entre los cónyuges. Lamentablemente, en este tipo de enfrentamientos ambos padres resultan perdedores: “pues debilitan su autoridad y credibilidad frente a los hijos, que perciben rápidamente estas inconsistencias y terminan haciendo lo que a ellos les parece o bien, ´aprovechándose´ del papá que parece más permisivo. Por otro lado, la relación de los esposos también suele verse afectada por los constantes roces, que van generando distanciamiento y problemas dentro de la pareja.” Afirman los expertos de padresok.cl

Es normal que no siempre se esté de acuerdo con el otro, pues tanto el padre como la madre poseen unas características sicológicas y unas vivencias educativas particulares que dan lugar a criterios, métodos y opiniones acerca de la crianza de los hijos. No obstante, esta forma individual de ver la autoridad, no debe llevar a la discordancia continuada con el cónyuge, más bien debe verse como complemento y sacar las bondades de esto.

Para evitar esta situación, los especialistas recomiendan acordar unos parámetros dentro de los cuales se deberá practicar la autoridad en la familia. Así, el padre y la madre deberán formar una unidad, emitir un mismo mensaje y apoyarse el uno al otro en lugar de contradecirse. “Los padres deben aprender a encontrar un equilibrio, de forma que sus diferencias personales, no interfieran con esta responsabilidad tan vital que es ponerse de acuerdo en cuanto a la crianza de los hijos.” Explica la pedagoga María de los Ángeles Pérez.

Consejos para los padres

Los hijos son los más afectados cuando no hay consenso entre papá y mamá. Es por eso, que la mejor forma de ejercer una autoridad coherente es fortalecer la unión entre esposos. Algunas sugerencias:

– Transmitir siempre una imagen del cónyuge de forma respetuosa.

– No autorizar lo que el otro ha prohibido.

– No discutir delante de los hijos. Si hay algo que hablar, háganlo a solas.

– No demostrar desacuerdo sobre el modo de proceder con los hijos, delante de ellos mismos.

– No hacer al hijo confidente de las penas que causa el cónyuge, al menos hasta que alcance la edad y madurez necesaria.

– Enfócate en transmitirle a los hijos más las fortalezas que debilidades de tu esposo/a.

– No le hagas mala fama a tu pareja con los hijos, pues ellos lo irán interiorizando y terminarás perdiendo autoridad frente a ellos.

– Ambos deben ejercer la autoridad. Los hijos necesitan que tanto el papá como la mamá ejerzan la autoridad en la familia, de este modo se les brinda seguridad y estabilidad. Es equivocado por tanto, cuando uno de los cónyuges toma el mando y el otro queda relegado.

– Como ejercicio práctico, es importante hacer junto al esposo/a, una lista de valores que consideren fundamentales en la educación de los hijos. Esta lista no será negociable por ninguno de los dos, pues deberá ser el punto de referencia para la toma de decisiones. Tendiendo esta lista de valores evitará llevarse la contraria y delante de los hijos siempre estarán de acuerdo.

– Si estamos hablando del caso en que padre y madre, por diferentes circunstancias se encuentran separados, entonces por el bien de los hijos, deben tener puntos comunes para no caer en la contradicción. (

– Si bien cada uno tiene una forma de ver las cosas, hay que llegar a acuerdos, tomar decisiones conjuntas y nunca perder de vista los ideales y valores con los que se quieren formar a los hijos; por el bien de ellos, los padres deben estar unidos y en armonía.

Quien en su niñez aprende a rezar, no lo olvida jamás

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“El hombre que en su niñez aprende a rezar, no lo olvida jamás. Las pasiones y luchas de la vida, las rebeldías de la razón y los sentidos, podrán conducirle a la incredulidad, y aún a los peores excesos de la negación y la blasfemia. Pero un resto de fe infantil queda en el fondo del alma, como los caracteres del primitivo manuscrito en el viejo pergamino”.

 

Lo enseña Raúl Méndez Moncada, un muy querido sacerdote venezolano que murió recientemente a la edad de 101 años, dejando particularmente conmovidas a las regiones andinas de la nación sudamericana.

 

Las madres presentando sus hijitos a Dios en el templo. ¡Qué cuadro más hermoso! Ese debe ser el papel de las madres: llevar sus hijos a Dios desde pequeños. François Coppe, el gran escritor y poeta francés del siglo pasado, tiene una bella página que quiero transcribirles:

 

“De todos los espectáculos que puede ofrecer el género humano, ¿hay alguno más conmovedor, más suave y atractivo, que un niño que reza? Su madre lo ha puesto de rodillas sobre su camita, le ha hecho juntar sus manecitas y le enseña a pronunciar, una a una, las palabras de una breve oración; ésta será por ejemplo, si es muy pequeño: ‘Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía’ o si es mayorcito, el sublime Padrenuestro y el Ave María”.

 

Por la mañana el niño levanta su carita al cielo azul, cuya pureza se refleja en el cristal inmaculado de sus ojos; y por la noche, a la apacible luz de la lámpara, en la pieza templada y tranquila, parece que un ángel asiste en las sombras, a la deliciosa escena para dar testimonio en el paraíso de este adorable acto de fe.

 

Sin duda, el niño no comprende todavía las palabras sagradas que pronuncia, pero sabe que su madre se complace en oírselas repetir; la mira sonriente, dejando ver que sus caricias son más tiernas; y junto a ese corazón que late, junto a ese seno tibio, respirando esa atmósfera de amor de y piedad, se despierta en su alma el instinto religioso.

 

En cuanto a esa madre feliz no hay en su vida instante más dulce que aquel en que presenta ante Dios a su niño con las manos juntas y arrodillado en su pequeña cama. ¡Qué inmensa dicha rezar con él, por él y para él!

 

No siente en tales instantes ese respetuoso temor que nos inspira a veces la Divinidad. Su corazón rebosa de abandono y confianza porque está segura de que Dios oirá las plegarias que balbucea una boca tan pura, y no duda que Aquél, en quien residen la fuerza infinita y la ciencia absoluta se sentirá complacido por tanta inocencia y debilidad.

 

Además, en el cielo hay una Madre, la Virgen Santísima, que es fuente de toda gracia y sabrá obtener lo que le pide otra madre por medio de su hijo cándido y puro.

 

Sí, son de seguro muy agradables a Dios y se elevan como una nube de incienso hacia la gloria, las plegarias de todos los cristianos, los himnos litúrgicos de los sacerdotes, las armonías con que los órganos hacen vibrar las inmensas naves de las catedrales, los coros de los peregrinos que al encaminarse hacia algún santuario hacen resonar los ecos de las montañas, los sollozos de los desdichados, el llanto de los arrepentidos; las plegarias ardientes del monje y la religiosa, arrodillados en sus celdas…. sí, todos suben hasta el trono de Dios.

 

Pero Él ante todo es Padre, y entre el inmenso y eterno rumor de tantas voces que le alaban y bendicen, seguro estoy que oye con especial ternura las sencillas y casi inconscientes oraciones de los niños, que se confunden con el gorjeo de una inmensa multitud de pajarillos que se posan en los árboles.

 

El hombre que en su niñez aprende a rezar, no lo olvida jamás. Las pasiones y luchas de la vida, las rebeldías de la razón y los sentidos, podrán conducirle a la incredulidad, y aun a los peores excesos de la negación y la blasfemia. Pero un resto de fe infantil queda en el fondo del alma, como los caracteres del primitivo manuscrito en el viejo pergamino.

 

Llega la hora de la prueba, la hora de un gran dolor, físico o moral… ¡Ahí cómo se acuerda en seguida el hombre maduro del día ya lejano en que arrodillado en la cuna, sentía en sus mejillas el calor del rostro de su madre que le enseñaba el Padre Nuestro y el Ave María!

 

Y entonces probablemente sentirá que su orgullo se derrumba, cubrirá su rostro con las manos y lanzará ese grito tan propio de toda boca humana: ¡Dios mío, ten compasión de mí! Este grito para un alma que naufraga, es el faro que brilla en las tinieblas, junto al puerto de salvación.

 

Qué gran poder tienen las madres. En su regazo está el futuro de la humanidad. Con su abnegación, con su honradez, con su ternura y delicadeza van moldeando esas esculturas que son los hijos, niños o jóvenes que después adornarán las galerías de la Patria y de la Iglesia.

 

Las madres no deben prescindir nunca del elemento religioso. Ellas son las que deben mantener viva la llama de la fe en los hogares; las que deben dar las primeras enseñanzas religiosas a sus hijos: las que deben encaminar sus pasos hacia la Iglesia, especialmente los domingos para que ya desde pequeños se acostumbren a cumplir con sus deberes religiosos.

 

Dichoso pues el hijo que en su madre cristiana encontró aquella primera e indispensable enseñanza de la fe y de la virtud.

 

Jacinto Benavente, el gran dramaturgo español, tuvo una madre extraordinaria, honesta religiosa, preocupada de los suyos. Cuando murió, su ilustre hijo dijo estas palabras: “Si no hubiera cielo habría que inventarlo para mi madre, porque ella era una santa”. Que todos los hijos puedan decir iguales palabras de sus madres.

 

*Publicado originalmente en Aleteia.org

¿Cómo hablar temas difíciles con nuestros hijos?

Temas difíciles con nuestros hijos, a cargo de la Licenciada Liliana Olivieri. Apdes Tak 8, una propuesta de los Colegios de Apdes para la formación matrimonial durante esta cuarentena.

Abuelos y nietos: un vínculo de amor

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El 26 de julio es la festividad de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús, aprovechamos esta fecha para hablar de ese amor tan especial que hay entre abuelos y nietos, y aunque en estos tiempos de COVID los veamos a través de una pantalla y los abrazos sean virtuales, ¡el amor sigue más vivo que nunca!

 En los abuelos está la representación más pura del amor filial, especialmente en el lazo que se forma con los nietos. Esta es una relación dotada de reciprocidad; ambos se nutren del amor que expresan. Los nietos se convierten en fuente de vida y les enseñan a los abuelos a ver con los ojos de la alegría y la esperanza.

 Al mismo tiempo, los nietos experimentan una vivencia única con sus abuelos, es algo así como una amistad pero con alguien que le triplica en edad. Amistad que es posible dadas las condiciones, puesto que no está de por medio la labor educativa que sí pertenece a los padres, de esta manera queda el camino libre para que los abuelos se den el lujo de consentir responsablemente.

Beneficios educativos

Son muchos los beneficios educativos que trae consigo una relación cercana entre abuelos y nietos. Incentivar en los hijos el cariño por sus abuelos, les hará conscientes de lo valiosa que es la familia. Les servirá de ejemplo de vida, de sabiduría y experiencia. De la misma manera, les ayudará a interiorizar valores como el respeto, la solidaridad, la generosidad, entre otros.

Una buena relación entre abuelos y nietos, hace que los niños comprendan mejor a sus padres, pues gracias a los abuelos, conocen cómo eran sus padres cuando tenían su misma edad.

Así que aprovechemos esta ocasión para resaltar el valioso papel de los abuelos en las familias, demos gracias por su vida, por sus esfuerzos, por sus angustias, por sus preocupaciones, por su amor. Y como tarea para los padres, está el ayudar a crear lazos fuertes y armoniosos entre sus hijos y los abuelos. 

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Oración por los abuelos 

Señor Jesús, tú naciste de la Virgen María, hija de San Joaquín y Santa Ana.

Mira con amor a los abuelos de todo el mundo. ¡Protégelos! Son una fuente de enriquecimiento para las familias, para la Iglesia y para toda la sociedad.

¡Sosténlos! Que cuando envejezcan sigan siendo para sus familias pilares fuertes de la fe evangélica, custodios de los nobles ideales, hogareños, tesoros vivos de sólidas tradiciones religiosas.

Haz que sean maestros de sabiduría y valentía, que transmitan a las generaciones futuras los frutos de su madura experiencia humana y espiritual.

Señor Jesús, ayuda a las familias y a la sociedad a valorar la presencia y el papel de los abuelos. Que jamás sean ignorados o excluidos, sino que siempre encuentren respeto y amor.

Ayúdales a vivir serenamente y a sentirse acogidos durante todos los años de vida que les concedas.

Amén. (Benedicto XVI).+

Los 7 acuerdos que protegerán tu matrimonio

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El psicólogo Doug Weiss, norteamericano, director del centro de consejería familiar Heart to Heart, es el autor de varios libros de ayuda para la vida matrimonial, entre ellos The 7 Love Agreements (Los 7 acuerdos del amor) en el que propone a los matrimonios tomarse en serio su relación y apostar por ella con fuerza tomando el firme propósito de cumplir con siete acuerdos básicos que los protegerán de la ruptura y del desamor.  

«Estos acuerdos de amor no garantizan resultado inmediatos, pero nos lanzan en un proceso de mejorar la relación. El proceso funciona mejor cuando esposa y esposo optan juntos por ellos. Pero un cónyuge por su cuenta puede hacer estos acuerdos por si solo como una forma de acercarse más a su pareja. Estos acuerdos de amor no son promesas para hacer una sola vez en la vida. Como seres humanos, tenemos que ser pacientes y amables. Es mejor repasarlos y renovarlos frecuentemente. Día a día construirán amor verdadero e intimidad» señala el autor.  

Los 7 acuerdos del amor 

  1. Fidelidad:Seré fiel a mi cónyuge siempre, en toda circunstancia.
  1. Paciencia:No intentaré cambiar las cosas de mi cónyuge que no me gustan, pero yo sí modificaré aquellos de mis hábitos que molestan a mi cónyuge.
  1. Perdón:Cuando haya ofendido a mi pareja, rápidamente pediré perdón. Y yo perdonaré sus ofensas en mi corazón incluso antes de que me lo pida.
  1. Servicio:Me anticiparé a las necesidades emocionales, espirituales, físicas y materiales de mi cónyuge y haré todo lo que pueda para satisfacerlas.
  1. Respeto:No hablaré ni actuaré de formas que pongan en ridículo o avergüencen a mi cónyuge.
  1. Amabilidad:Seré amable con mi pareja, eliminando cualquier rasgo de aspereza en mi comportamiento y en mis palabras.
  1. Celebración:Apreciaré los dones de mi pareja y sus atributos y los celebraré personalmente y también públicamente.

 «Cuando entiendes los acuerdos de amor, te das cuenta de que puedes tomar decisiones de corazón que te orientan a actuar de forma más cristiana con tu esposo o esposa», explica Doug Weiss.

 Pueden parecer objetivos muy ambiciosos, muy elevados, pero Weiss explica que «al menos, al intentarlo, irás en la dirección correcta». 

La clave está en empezar un camino decidido de amar intencionalmente. «Empezarás a encontrar formas de mejorar, y eso dará una dinámica nueva a tu matrimonio». 

Cómo aprenden los niños a ser pacientes y dominar los impulsos

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El tiempo de los niños es diferente al de los adultos, pues la noción del tiempo es algo que se aprende, y por consiguiente, es algo que los padres deben enseñar. En este aprendizaje están implicados la paciencia y los impulsos. En LaFamilia.info les damos unas claves educativas para aplicar en casa.

La paciencia es un valor fundamental que se debe formar desde las primeras edades. Un niño que no aprende la paciencia, es probable que en su adultez muestre rasgos de intolerancia a la frustración, ansiedad, irritabilidad y dificultad de adaptación.

Lo cierto es que la capacidad de espera aumenta a medida que el niño crece: a los 4 años no se tiene la misma capacidad que a los 10. Por ejemplo, los niños en edad preescolar no han desarrollado aún el concepto de ubicación temporal y no comprenden el tiempo en los términos que los adultos ya dominamos: una hora, 10 minutos, tres meses, un año, etc. Por eso, en este caso se debe asociar el tiempo a alguna señal o temporada (navidad, vacaciones, invierno) o cuando se de el caso, decirle simplemente que debe esperar un poco para realizar cierta actividad.

Será entonces de manera gradual, que los padres enseñen a sus hijos a desarrollar este valor. Claro está que algunas necesidades fisiológicas no pueden esperar sobretodo en niños pequeños, como por ejemplo ir al baño o la alimentación, en estos dos aspectos específicos no se debe aplicar tiempo de espera.

Las siguientes son cinco claves para enseñar la paciencia a los niños:   

  1. Los adultos educan con su ejemplo

Como lo repetimos en diversos artículos de LaFamilia.info, el ejemplo es un educador por excelencia. Los hijos observan cada palabra y cada acto de sus padres, y es así como aprenden numerosas lecciones. La paciencia no es la excepción. Si a los hijos se les pide paciencia, lo mínimo que se puede hacer es demostrarles que una actitud paciente es siempre ganadora.

  1. Para enseñar la paciencia es necesaria la autoridad asertiva

Alejandro De Barbieri, el autor del libro Educar sin culpa explica que el niño precisa la autoridad sana del padre o maestro que “frustra” sus impulsos: “Si cada vez que mi hijo quiere algo yo se lo doy, entonces le estoy diciendo “pide y se te dará, mi amor” para que me quieras. Eso es falso, porque lo estoy dejando inmaduro. Cuando mañana la vida lo frustre, en un examen en el deporte o en una pareja, su psiquismo estará frágil y no soportará las limitaciones que la vida le presente.”

Por eso, los padres deben vivir en carne propia la paciencia y afrontar con calma las rabietas de los niños. Así los pequeños entenderán que con sus berrinches, no conseguirán lo que quieren. La frustración les hará más resistentes y más pacientes. Además aprenderán a expresar su descontento por otras vías diferentes al llanto.

3.Enseñarles a esperar

A partir de los 4 años aproximadamente, los niños ya tienen cierta capacidad de espera y es ahí cuando los padres deben ejercitarla al no satisfacer de inmediato sus deseos, al enseñarles a esperar su turno para algún juego sin desesperarse o al esperar unos segundos a que la comida se enfríe un poco. En la cotidianeidad hay muchas oportunidades para aplicar esta lección de vida. 

  1. Dejarles que se esfuercen

Incluso desde los primeros meses de vida se les debe dejar que se esfuercen, en el gateo por ejemplo, permitirles que se desplacen hasta llegar a su juguete, y así a medida que crecen, siempre habrán metas y logros que ellos deben alcanzar por sí mismos. La paciencia, la persistencia y el esfuerzo son valores que van de la mano.

  1. Mostrarles ejemplos

Una de las formas para enseñar la paciencia a los niños es por medio de ejemplos, y qué mejor que la naturaleza para ello, algunos animales nos dan lecciones de paciencia y persistencia para conseguir lo que quieren: las abejas para construir el panal, los pájaros para hacer sus nidos o las hormigas para llevar su alimento a un lugar seguro. Asimismo, las plantas son un hermoso modelo, se pueden sembrar en casa y ver todo su proceso de crecimiento.

La paciencia es un valor que nuestros hijos agradecerán por siempre, les llevará al camino del éxito porque sabrán esperar los frutos de su esfuerzo y conocerán de primera mano que no todo llega por sentado, que la vida es retadora y que nuestra persistencia, rectitud y voluntad serán determinantes para afrontarla.