Lecciones de Viktor Frankl sobre la adversidad que te pueden ayudar

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Viktor Frankl, psiquiatra, escritor y fundador de la logoterapia, estuvo internado durante la II Guerra Mundial en varios campos de concentración. Esa experiencia y su formación, le permitieron hacer una gran reflexión sobre el sentido de la vida, también sobre la adversidad, que plasmaría en diversos libros, entre los que destaca “El hombre en busca de sentido”.

En medio de esta pandemia del coronavirus, se han presentado situaciones que nos producen sufrimiento y que no sabemos cómo afrontar, por eso las lecciones que nos puede dar una persona que estuvo tres años en un campo de concentración y supo superarlo, se deben considerar para hacernos ver la vida desde otra perspectiva y para motivarnos día a día. Estas son algunas de las lecciones que nos enseñó Viktor Frankl sobre la adversidad.

1. La importancia de elegir

La diferencia entre una persona que sabe superar sus problemas y enfrentarse a la adversidad en la vida y una persona que no logra esa superación, es que la primera es una persona que decide, que elige ser una cosa u otra, a pesar de las condiciones que le toque vivir.

2. La vida tiene sentido en cualquier circunstancia

El Doctor Frankl habla en este sentido de la desesperanza como una operación matemática. La desesperanza es igual a sufrimiento sin propósito. Si una persona no puede encontrar un sentido a su sufrimiento, tenderá a la desesperanza. Pero si la persona es capaz de encontrar un sentido a la adversidad, puede convertir sus tragedias en un logro, en una forma de superación.

3. Tus acciones diarias te llevan a ser la mejor versión de ti mismo

Esa es una pregunta que nos debemos hacer cada día para saber quiénes somos y quiénes queremos ser, para lograr ser la mejor versión de nosotros mismos, para mostrar lo extraordinario que hay en cada uno y que los demás lo vean y puedan apreciarlo.

4. Piensa en por qué o por quién vale la pena vivir

Todos tenemos un por qué o por quién vivir, una razón que nos permite seguir adelante cada día, que nos motiva y que da sentido a cada segundo de nuestra existencia, a cada paso que damos o a cada acción que realizamos. Cómo reaccionamos ante condiciones que no pueden ser cambiadas, depende de nosotros.

Si no poder para cambiar la situación, siempre podemos elegir nuestra actitud frente a esa situación. Es decir, siempre hay algo en nuestro interior que podemos cambiar, cómo nos sentimos, siempre hay una parte de nosotros mismos que depende sólo de nosotros.

No importa que no esperamos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros. Piensa en lo que le aportas a la vida, en lo que espera la vida de ti, porque nuestra vida nos cuestiona y nos exige continuamente.

Lo que debemos preguntarnos es qué podemos hacer para cambiar nuestra vida, qué le aportamos al mundo y reaccionar en consecuencia.

5. La adversidad y el sufrimiento existen

Todo lo malo de nuestra vida es algo que existe y que debemos aceptar. Se crea una tensión entre lo que ya se ha logrado y lo que todavía queda por lograr. No necesitamos vivir sin adversidades, sino saber que van a existir, que son parte de la vida y que debemos luchar por algo que merezca la pena, dar un sentido.

6. Nadie es indispensable, pero todos somos irremplazables

Cuando se acepta que es imposible reemplazar a una persona, se manifiesta la responsabilidad que el hombre asume ante su existencia. Un hombre que se hace consciente de que le espera una persona o de que tiene una obra inconclusa, asume su responsabilidad y conoce el por qué, el sentido de su vida.

7. Descubre el sentido de tu vida

El interés del hombre no es encontrar el placer o evitar el dolor, sino encontrar el sentido de la vida. Incluso en los momentos en los que sufrimos, debemos encontrar un sentido a ese sufrimiento.

Nadie puede ponerse en tu lugar y sufrir por ti, por lo que tu única oportunidad es la actitud que adoptes ante el sufrimiento. Todos tenemos una razón de ser, pero a veces, no somos conscientes de esa razón. ¿Qué visión tienes ahora sobre la adversidad?

Abuelos y nietos: un vínculo de amor

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El 26 de julio es la festividad de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús, aprovechamos esta fecha para hablar de ese amor tan especial que hay entre abuelos y nietos, y aunque en estos tiempos de COVID los veamos a través de una pantalla y los abrazos sean virtuales, ¡el amor sigue más vivo que nunca!

 En los abuelos está la representación más pura del amor filial, especialmente en el lazo que se forma con los nietos. Esta es una relación dotada de reciprocidad; ambos se nutren del amor que expresan. Los nietos se convierten en fuente de vida y les enseñan a los abuelos a ver con los ojos de la alegría y la esperanza.

 Al mismo tiempo, los nietos experimentan una vivencia única con sus abuelos, es algo así como una amistad pero con alguien que le triplica en edad. Amistad que es posible dadas las condiciones, puesto que no está de por medio la labor educativa que sí pertenece a los padres, de esta manera queda el camino libre para que los abuelos se den el lujo de consentir responsablemente.

Beneficios educativos

Son muchos los beneficios educativos que trae consigo una relación cercana entre abuelos y nietos. Incentivar en los hijos el cariño por sus abuelos, les hará conscientes de lo valiosa que es la familia. Les servirá de ejemplo de vida, de sabiduría y experiencia. De la misma manera, les ayudará a interiorizar valores como el respeto, la solidaridad, la generosidad, entre otros.

Una buena relación entre abuelos y nietos, hace que los niños comprendan mejor a sus padres, pues gracias a los abuelos, conocen cómo eran sus padres cuando tenían su misma edad.

Así que aprovechemos esta ocasión para resaltar el valioso papel de los abuelos en las familias, demos gracias por su vida, por sus esfuerzos, por sus angustias, por sus preocupaciones, por su amor. Y como tarea para los padres, está el ayudar a crear lazos fuertes y armoniosos entre sus hijos y los abuelos. 

***

Oración por los abuelos 

Señor Jesús, tú naciste de la Virgen María, hija de San Joaquín y Santa Ana.

Mira con amor a los abuelos de todo el mundo. ¡Protégelos! Son una fuente de enriquecimiento para las familias, para la Iglesia y para toda la sociedad.

¡Sosténlos! Que cuando envejezcan sigan siendo para sus familias pilares fuertes de la fe evangélica, custodios de los nobles ideales, hogareños, tesoros vivos de sólidas tradiciones religiosas.

Haz que sean maestros de sabiduría y valentía, que transmitan a las generaciones futuras los frutos de su madura experiencia humana y espiritual.

Señor Jesús, ayuda a las familias y a la sociedad a valorar la presencia y el papel de los abuelos. Que jamás sean ignorados o excluidos, sino que siempre encuentren respeto y amor.

Ayúdales a vivir serenamente y a sentirse acogidos durante todos los años de vida que les concedas.

Amén. (Benedicto XVI).+

Consejos de los santos para superar la ansiedad

Superar la ansiedad es un proceso de todos. Los Santos fueron como nosotros, ellos tuvieron que afrontar la ansiedad y también vencer sus miedos. Ninguno de nosotros escapa de esta realidad, pero con la ayuda de Dios podemos superar y vencer la ansiedad que intenta gobernarnos.

 Sigue estos consejos de los santos para enfrentar la ansiedad y no dejarte gobernar por preocupaciones:

Santa Teresa de Ávila

 «Nada te turbe, nada te espante todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene nada le falta sólo Dios basta».

 Esta Santa señala que cada vez que los malos espíritus fallan en aterrorizarnos o disuadirnos de hacer el bien, pierden fuerza, y el alma los domina más fácilmente. Si el Señor es poderoso y ellos son esclavos, ¿qué daño pueden hacerle a los que son siervos de tan gran Rey y Señor?»

 Nada nos puede pasar sin el conocimiento y el permiso de Dios nuestro Padre, y Él es capaz de organizar todas las cosas para nuestro bien. Nosotros, por nuestra parte, sin embargo debemos evitar la especulación inútil; como nos dice San Francisco de Sales: «Es más que suficiente recibir los males que vienen sobre nosotros de vez en cuando, sin anticiparlos con la imaginación.»

 San Jerónimo

 Según San Jerónimo, enfrentar nuestros miedos y hacer nuestro deber a pesar de ellos, es una forma importante de tomar nuestra cruz; por lo tanto, podemos asegurarnos a nosotros mismos que en nuestros esfuerzos por ser valientes, en realidad estamos sirviendo a Cristo.

 Santo Tomás Moro

 Santo Tomás entendió muy bien esto, ya que desde su celda escribió a su hija:

 «Yo no voy a desconfiar de Él, Meg, aunque me sienta debilitado y al borde de ser superado por el miedo.

Recordaré cómo San Pedro en una ráfaga de viento comenzó a hundirse a causa de su falta de fe, y voy a hacer lo que él hizo: un llamado a Cristo y orarle a Él en busca de ayuda. Y luego, yo confiaré en que Él pondrá su santa mano en mí y que en los mares tempestuosos me sostendrá de ahogarme».

San Francisco de Sales

Como se dio cuenta este santo, debemos mantener nuestro enfoque en Cristo, no en nosotros mismos; una vez nos volvemos a Jesús con confianza, estamos dispuestos a seguir su consejo:

«Si usted sinceramente desea ser liberado de algún mal, o alcanzar a algún bien, por encima de todas las cosas, calma y tranquiliza tu mente, y calma tu juicio y voluntad; luego, silenciosa y gradualmente persigue tu objetivo, adoptando los medios adecuados».

«La ansiedad es el mayor mal que puede venir al alma, excepto el pecado. Cuando nuestro corazón está preocupado y perturbado en sí mismo, pierde la fuerza necesaria para mantener las virtudes que había adquirido. Al mismo tiempo, pierde los medios para resistir las tentaciones del enemigo, que luego utiliza sus máximos esfuerzos para, como se suele decir, pescar en río revuelto».

 San Pablo de la Cruz

Este Santo nos da un gran consejo que puede ayudarnos a combatir y derrotar la ansiedad:

«Cuando notas que tu corazón se está alejando incluso un poco de la paz interior que proviene de experimentar con fe viva la presencia divina en el alma, detente y examina cuál puede ser la causa de esta ansiedad.

 Tal vez es un poco de preocupación en relación con tu casa o tus hijos, o alguna situación que no se puede cambiar en la actualidad. Entiérralo en la voluntad amorosa de Dios. Recuerda siempre que nada puede ocurrir sin el conocimiento y permiso del Señor, y como Padre amoroso, Él nunca te abandonará ni te olvidará».

 «Deja de escuchar a tus miedos. Dios es tu guía y tu Padre, Maestro y Esposo. Abandónate a ti mismo en el seno divino de su buena y santa voluntad. Sigue con tus ejercicios espirituales y sé fiel en la oración».

 *Adaptado de Catholic Exchange y Pildorasdefe.net

Cinco remedios contra la tristeza

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Cada uno de nosotros ha atravesado días tristes, días en los cuales no se logra superar una cierta pesadez interior que contamina el ánimo y dificulta las relaciones con los demás. ¿Existe algún truco para superar el malhumor y recuperar la sonrisa? Santo Tomás de Aquino propone cinco remedios de sorprendente eficacia contra la tristeza.

  1. El primer remedio es concederse un placer

Es como si el famoso teólogo hubiese intuido ya hace siete siglos la idea, tan difundida hoy, de que el chocolate es antidepresivo. Quizá parezca una idea materialista, pero es evidente que una jornada llena de amarguras puede terminar bien con una buena cerveza. Que algo así sea contrario al Evangelio es difícilmente demostrable: sabemos que el Señor participaba con gusto en banquetes y fiestas, y tanto antes como después de la Resurrección disfrutó con gusto de las cosas bellas de la vida. 

  1. El segundo remedio es el llanto

 A menudo, un momento de melancolía es más duro si no se logra encontrar una vía de escape, y parece como si la amargura se acumulase hasta impedir llevar a cabo la tarea más pequeña. El llanto es un lenguaje, un modo de expresar y deshacer el nudo de un dolor que a veces nos puede asfixiar. 

  1. El tercer remedio es la compasión de los amigos

 Me viene a la cabeza el personaje del amigo de Renzo, en el famoso libro Los novios, que en una gran casa deshabitada a causa de la peste va desgranando las grandes desgracias que han sacudido a su familia. «Son hechos horribles, que jamás hubiera creído que llegaría a ver; cosas que quitan la alegría para toda la vida; pero hablarlas entre amigos es un alivio». Es algo que hay que experimentar para creerlo. Cuando uno se siente triste, tiende a ver todo de color gris. En esas ocasiones es muy eficaz abrir el alma con algún amigo. A veces basta un mensaje o una llamada de teléfono breve y el panorama se ilumina de nuevo. 

  1. El cuarto remedio es la contemplación de la verdad

Del fulgor veritatis del que habla san Agustín. Contemplar el esplendor de las cosas, en la naturaleza o una obra de arte, escuchar música, sorprenderse con la belleza de un paisaje… puede ser un eficaz bálsamo contra la tristeza. Un crítico literario, pocos días después del fallecimiento de un querido amigo, tenía que hablar sobre el tema de la aventura en Tolkien. Inició así: «Hablar de cosas bellas ante personas interesadas es para mí un verdadero consuelo…» 

  1. Dormir y darse un baño

 El quinto remedio propuesto por santo Tomás es el que quizá uno menos podría esperar de un maestro medieval. El teólogo afirma que un remedio fantástico contra la tristeza es dormir y darse un baño. La eficacia del consejo es evidente. Es profundamente cristiano comprender que para remediar un mal espiritual a veces resulta necesario un alivio corporal. Desde que Dios se ha hecho Hombre, y por tanto ha asumido un cuerpo, el mundo material ha superado la separación entre materia y espíritu.

Conferencia de Carlo de Marchi, vicario de la región de Italia Centro-Sur, pronunciada en un Congreso Eclesial en Florencia (Italia).

 

10 propósitos para el nuevo año

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Marco Antonio Guizar/ReL (Adaptación)

Foto: Freepik

Cada inicio de año se nos da la oportunidad de revisar la vida que llevamos y plantearnos mejoras en todos los aspectos; uno de ellos, el familiar. Para ello compartimos estos diez propósitos que ha elaborado el autor Marco Antonio Guizar para iniciar este nuevo ciclo con miras a la vida familiar.

1. Disponibilidad

Consiste en dedicar tiempo (¡que es lo que menos tenemos!) a atender a nuestros hijos y esposo/a. (…) No vale lo de «este tema ya lo hablaremos el sábado con tranquilidad, cariño». (…). Hay que estar disponible, porque hay problemas que sólo se arreglan en el momento en que el otro se anima a plantearlo y pide ser escuchado. (…) Demos tiempo al otro.

2. Comunicación entre padres e hijos

Que los padres hablen menos y escuchen más. Escuchar a los hijos (o al cónyuge, a cualquiera) es un esfuerzo activo. Hay que dejar lo que se está haciendo, girar la cabeza hacia quien te habla, mirar a los ojos, expresar atención. Eso es escucha activa, que es la que sirve para mejorar la autoestima de tu familia.

3. Coherencia en los padres, autoexigencia en los hijos

Uno es coherente cuando lo que piensa, siente, dice y hace es una sola y misma cosa. No tiene sentido decirle a los niños desde el sofá: «Ayudá a mamá a levantar la mesa». Hay que dar ejemplo primero. (…)

4. Tener iniciativa, inquietudes y buen humor, especialmente con el cónyuge

Estos tres factores son útiles para la autoestima familiar. La rutina es un enemigo en las relaciones conyugales y con los hijos (…). Las mejores horas deben ser para compartir con el esposo o esposa.

Ser papá o mamá no debe hacernos olvidar que somos «tú y yo, nosotros». Creatividad e iniciativa protegen a la pareja de la rutina (…) si la pareja va bien, los hijos aprenden su «educación sentimental» simplemente viendo cómo se tratan papá y mamá, viendo que se admiran, se halagan, se alaban, son cómplices (…).

5. Aceptar nuestras limitaciones y las de los nuestros

Hay que conocer y aceptar tus limitaciones, las de tu cónyuge, las de tus hijos. Pero es importantísimo no criticar al otro ante la familia, no criticar a tu cónyuge ante los niños, o a un niño ante los hermanos, comparando a un hermano «bueno» con uno «malo». Eso hace sufrir al hijo y le quita autoestima. Es mejor llevarlo aparte y hablar.

6. Reconocer y reafirmar lo que vale la otra persona

(..) Tenemos que saber (grandes y pequeños) que somos buenos en unas cosas y no en otras (…) y aprender a tolerar la frustración (..). Reafirmemos al otro en lo que vale, y se verá a sí mismo como lo que es, una persona valiosa.

7. Estimular la autoestima personal

Uno se hace bueno a medida que va haciendo cosas buenas. … Esta idea ayuda a tener autonomía personal, hacer las cosas por nosotros mismos, para mejorar nosotros.

8. Diseñar un proyecto personal

No irás muy lejos si no sabes donde quieres ir. Quedarte quieto no es factible, uno tiende a volver a quedarse atrás. Has de tener un proyecto personal para crecer, y atender y ayudar a discernir y potenciar los proyectos de los tuyos.

9. Tener un nivel de aspraciones alto pero realista

Hemos de jugar entre lo posible y lo deseable. Si aspiramos alto, nos valoraremos bien, tendremos autoestima. (…)

10. Elijamos buenos amigos y amigas

(…) Necesitamos más que nunca amigos humanos, personas, grandes y buenos amigos, con los que compartir muchas horas, conversaciones sinceras y cercanas, amistades de verdad, que te apoyen y te conozcan auténticamente,que te acepten con tus fallos y potencien lo mejor en ti.

“Estos principios se pueden aplicar siempre en la familia, pero el inicio de año es una buena excusa para repasarlos y hacer propósito de mejorar en ellos”.

Fuente: ReligiónEnLibertad

5 Habilidades de Inteligencia Emocional que todos podemos desarrollar

Por LaFamilia.info

 Saber relacionarse, escuchar, tomar decisiones acertadas, manifestar sentimientos, manejar emociones y  ser  empáticos y asertivos, son habilidades que hacen la vida mucho más amena y son las vías para lograr el éxito y la felicidad en todos los aspectos de la misma (personal, familiar, laboral, social). 

Daniel Goleman, unos de los principales expositores de este concepto, afirma que “si bien una parte de estas habilidades pueden venir configuradas en nuestro equipaje genético, y otras tantas se moldean durante los primeros años de vida, la evidencia respaldada por abundantes investigaciones demuestra que las habilidades emocionales son susceptibles de aprenderse y perfeccionarse a lo largo de la vida, si para ello se utilizan los métodos adecuados”.

 Así que todos en nuestro camino de mejora personal, podemos trabajar en estas habilidades:   

  1. Autocontrol, el dominio de uno mismo

Es la capacidad de controlar emociones y evitar que dominen la situación; es no actuar por impulsos. También se refiere al hecho de no tomar decisiones en momentos de alta tensión, euforia, ansiedad o desespero. 

“La capacidad de pensar, de planificar, concentrarse, solventar problemas, tomar decisiones y muchas otras actividades cognitivas indispensables en la vida pueden verse entorpecidas o favorecidas por nuestras emociones. Así pues, el equipaje emocional de una persona, junto a su habilidad para controlar y manejar esas tendencias innatas, proveen los límites de sus capacidades mentales y determinan los logros que podrá alcanzar en la vida” (Daniel Goleman, Inteligencia Emocional, Editorial Kairós). 

  1. Autoconocimiento

El autoconocimiento es la base de una alta inteligencia emocional, pues permite el autocontrol y la comprensión de sí mismo, las cuales a su vez, son las vías principales para establecer objetivos de mejora. 

  1. Pensamiento positivo

El entusiasmo, positivismo y motivación propia, son estímulos necesarios para el éxito. Es como dice Goleman, “canalizar las emociones hacia un fin más productivo”. 

Este pensamiento positivo se pone a prueba en las situaciones más espinosas: es ahí cuando perseverar, hacer frente a los contratiempos y asumir una actitud optimista, demuestran “el gran poder de las emociones como guías que determinan la eficacia de nuestros esfuerzos”. 

Este punto también contempla el hecho de evitar quedarse estancado en las malas experiencias del pasado, y al contrario, saber pasar la página, dejarlas atrás para emprender con entusiasmo nuevos caminos sin rencores, negativismo, deseos de venganza, rabia, etc.  

  1. Empatía, ponerse en el lugar del otro

 La empatía es hoy en día, una de las actitudes psicológicas más valoradas por las empresas. Esto se debe a que las personas empáticas gozan de buenas relaciones interpersonales favoreciendo el trabajo en equipo y el liderazgo. También es fundamental en la vida familiar, pues propicia una convivencia armoniosa entre los miembros. (Leer también: En los zapatos del otro: la empatía)

 Es la habilidad de ponerse en el lugar del otro para entender sus necesidades, sentimientos y problemas. Para lograrlo se requiere escuchar activamente a las personas y captar sus emociones, para así obtener una relación cercana y comprensiva. La empatía permite la comprensión de las emociones y actos ajenos sin tener que estar de acuerdo necesariamente.

 Esta virtud requiere también aprender a alejarse del “yo” –mis excusas, razones, ideas, pensamientos- para pensar desde la óptica del otro. Este aprendizaje hace que se amplíen las percepciones y se evite juzgar a los demás cegándose en un punto de vista. 

  1. Asertividad

 Olga Castanyer autora del libro ´La asertividad: expresión de una sana autoestima´ explica: “La persona asertiva conoce sus propios derechos y los defiende, respeta a los demás, por lo que no piensa ganar en una disputa o conflicto sino que busca de forma positiva los acuerdos” (La asertividad: expresión de una sana autoestima. Ediciones Desclée de Brouwer, 1997).

También es propio de la conducta asertiva, saber identificar el momento más propicio para defender los pensamientos personales, habrán circunstancias en que lo mejor será permanecer en silencio. (Leer también: El arte de saber decir “no”).

En resumen, el reto de la inteligencia emocional es lograr una armonía entre nuestro pensar y nuestro sentir. Así como lo explica Daniel Goleman en su libro: “En muchísimas ocasiones, estas dos mentes mantienen una adecuada coordinación, haciendo que los sentimientos condicionen y enriquezcan los pensamientos y lo mismo a la inversa. Algunas veces, sin embargo, la carga emocional de un estímulo despierta nuestras pasiones, activando a nivel neuronal un sistema de reacción de emergencia, capaz de secuestrar a la mente racional y llevarnos a comportamientos desproporcionados e indeseables”.

 Por eso, estas cinco habilidades que están al alcance de todos, representan enormes beneficios para nuestra vida, vale la pena trabajar en ellas.  

Cómo manejar las peleas entre hermanos

Fuente: LaFamilia.info

 Hay algunas edades en las que sobresalen las peleas entre hermanos, tanto que se vuelven en el dolor de cabeza de los padres. No obstante, la forma como se maneje la situación, será determinante. 

 Los padres no deben permanecer indiferentes ante las peleas de sus hijos. Sobre todo porque lo que está en juego son las relaciones familiares. ¿Cómo debemos actuar los padres? Estas son las pautas a seguir:

 Escuchar a cada hijo por separado antes de formar una opinión. Luego de una pelea es bueno conversar con cada uno de los hijos e invitarlos a reflexionar acerca de su error y cómo podrían proceder para resolver la situación. Los padres deben insistir en la idea que las peleas no son la forma de arreglar las dificultades ni los desacuerdos, para eso existe el diálogo y la negociación. Hay que enseñarles también a perdonar y a pedir perdón a sus hermanos.

Trazar límites. Muchas veces al establecer normas y límites claros en el hogar, disminuyen los conflictos entre los hijos, por ejemplo: horarios para que ambos puedan hacer uso de la computadora o la tablet, pedir siempre permiso para tomar algo de la habitación del otro, etc.

 No implicarse en el conflicto. No es nada conveniente tomar partido por uno de los hijos o ponerse en contra del otro. El papel que les corresponde a los padres frente a las peleas entre sus hijos, no es el de abogados, defensores, ni jueces; sino el de educadores.

 No perder la cordura. Los especialistas aseguran que las peleas son el termómetro de la paciencia de los padres. Aquellos que tienen un umbral de tolerancia muy bajo a las peleas, se ponen cada vez más autoritarios, más sancionadores y por lo tanto los hijos pelearán más. Y esto por una razón muy simple: las peleas no se pueden extinguir sólo con una prohibición o un regaño; hace falta ir más allá y llevar a cabo una labor conciliadora y de enseñanza de tolerancia y respeto.

 No mostrar preferencias por ninguno de los hijos. La rivalidad entre hermanos puede tener origen en la competencia por el amor de los padres. Para prevenir posibles conflictos entre hermanos, los padres deben evitar favoritismos, cariños exclusivos y diferencias de trato, pero ante todo, nunca hacer comparaciones entre hermanos.

 Aprovecharlo como una lección para la vida. Estos conflictos son una oportunidad para enseñarles a los hijos a vivir los valores en carne propia -tolerancia, respeto, solidaridad, fraternidad, autocontrol, generosidad- también para entrenarse en la resolución de conflictos, en la negociación y el diálogo. Es motivo además, para sembrar en ellos el valor de la familia, muchas veces estas situaciones bien manejadas, sirven para crear una unión más sólida entre los hermanos.

 No dramatizar en este tema. Lo importante es tener paciencia y actuar siempre con la máxima neutralidad en estas luchas, repartiendo el cariño con la máxima equidad.

Respeto, virtud primordial entre hermanos

Los padres deben darle gran importancia al cultivo del respeto entre hermanos. Para enseñar esta virtud es aconsejable tener en cuenta estas ideas:

  • Que respeten las cosas de sus hermanos: no apoderarse de ellas, no usarlas sin permiso, no estropearlas.
  • Que tengan buenos modales entre sí: no gritarse, ni insultarse, ni hacer sentir mal a los hermanos.
  • Que respeten los sentimientos de sus hermanos. Por ejemplo: no difundir los secretos o no hablar mal de ellos.
  • Que aprecien y sepan manifestar su agradecimiento cada vez que reciben un favor o servicio del hermano.

¿Es posible ser feliz en medio del sufrimiento? 4 puntos que necesitas entender

Fuente: lafamilia.info

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Nuestra vida tiene ocasiones de alegría y tristeza, luz y sombra, sufrimiento y júbilo, desánimo y entusiasmo. Y en esos momentos de sufrimiento nos cuestionamos muchas cosas, entre ellas la felicidad.

Sin embargo, de las situaciones más duras podemos salir fortalecidos si las sabemos aprovechar. Así lo expone Pablo Perazzo (filósofo, educador y autor del libro «Yo también quiero ser feliz») en las siguientes líneas.

  1. ¿Por qué permite Dios que suframos?

No siempre vivimos en alegría y júbilo. Más bien, son muchos los momentos que atravesamos valles oscuros, y pareciera que las tinieblas se adueñaran de nuestra vida, como esos «valles de lágrimas» que solemos rezar en la oración de «la Salve».

Son esos momentos en que nos sentimos perdidos y creemos que Dios nos abandonó. Lo cuestionamos, a veces incluso renegamos o llegamos al punto de alejarnos de Él. No obstante, Dios sigue con nosotros. Esos son los momentos en que más debemos buscarlo y confiar en Él. En vez de cuestionar y reclamar, deberíamos preguntarle ¿qué quieres de mí? Son ocasiones que Dios quiere que lo amemos más, y crezcamos en nuestra fe y esperanza.

  1. ¿Cómo sufrir y ser feliz?

Quiero compartirles una clave de oro, fruto de mi propia experiencia de vida y del testimonio que percibo en muchísimas personas. Ya sea en charlas que doy o hablando sobre el «Kerygma» de la Pasión, muerte y Resurrección de Cristo. Últimamente, conversando con personas que participan de talleres de ayuda para superar el duelo (te recomiendo la conferencia «El Duelo») que es ese dolor, fruto del fallecimiento de algún ser querido, e incluso personas que pasan por experiencias dolorosas, como son la separación o divorcio de la persona amada.

Descubrí que el amor es la fuerza más poderosa que existe, supera ampliamente nuestras experiencias de sufrimiento. Vivir y transmitir el amor es fomentar poco a poco una manera de vivir que trasciende nuestra condición de dolientes. Se trata de sentir el amor que recibimos de Dios y nuestros familiares o amigos más íntimos, así como compartir ese amor que llevamos en el corazón con las demás personas.

Es el camino para no quedarnos dando vueltas, encerrados en nosotros mismos, como «un perro que da vueltas queriendo morderse la cola». De a poquitos nos vamos hundiendo y perdemos el horizonte que estamos llamados a vivir, porque solamente tenemos presente el dolor.

  1. ¿Cómo es posible que ese amor nos ayude a ser felices en medio del sufrimiento?

En primer lugar tenemos que aceptar la cruz, el sufrimiento. Aceptarlo y vivir cargando esa cruz que por supuesto nos duele y nos cuesta. Pero solamente cuando aceptamos que estamos afligidos y lloramos por nuestra condición, es que Dios puede entrar en nuestros corazones.

Pensemos por ejemplo en la tercera Bienaventuranza: «Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados» (Mateo 5, 3 – 12). El dolor es parte de la vida, nadie puede escapar a él.

No somos felices porque lloramos, sino porque el Señor puede consolarnos. Cuando realmente nos acercamos a Dios tristes y agobiados (Mateo 11, 28 – 30), experimentamos su mansedumbre y humildad de corazón. Un corazón misericordioso que conoce, mejor que nadie, nuestro dolor.

  1. Compartir con los demás el amor

Como personas, estamos hechos por Dios para amar. El sentido de nuestra vida es, fundamentalmente, amar. Si no amamos, perdemos paulatinamente el propósito de nuestras vidas y por consiguiente las ganas de vivir. Nada nos apela, todo se ve gris y no queremos hacer nada. El amor es como un impulso, una fuerza que nos alienta y nos da las fuerzas para vivir. Además, el hecho de amar en sí mismo, ya es una experiencia que sana el dolor que llevamos en el corazón.

Fundamentalmente, amar a los demás es un camino que nos hace dejar de mirar nuestros problemas. Los ponemos en su debido lugar, y nos damos cuenta de que la vida es muchísimo más que la cruz que debemos cargar. Es más, en la medida que salimos al encuentro de los demás, percibimos que lo que nos va enseñando el viñador – Dios Padre – son dones y bendiciones para poder ayudar más y mejor a los demás.

Así que… ¡ánimo! No perdamos nunca la esperanza cuando estemos en valles oscuros, sumidos en el sufrimiento. El Señor nunca nos abandona, quiere que crezcamos y maduremos para ayudar a otras personas que también pasan por momentos de sufrimiento.

Por Pablo Perazzo//catholic-link.com – Publicado originalmente en Catholic Link

 

10 Cosas que los padres amorosos hacen por sus hijos

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Fuente: lafamilia.info (adaptación)

El próximo 16 de junio se celebra el Día del Padre en la mayoría de los países latinoamericanos. Por eso, compartimos las siguientes ideas de la web AllProDad.com, dedicadas a todos los papás que quieren ser mejores cada día y que trabajan «hombro a hombro” con la madre para sacar adelante la familia.

 Los siguientes son ideas que tienen que ver con las actitudes y las decisiones, y no con el dinero. También en circunstancias económicas complicadas es posible ser un padre amoroso que provee y participa en la familia.

 

  1. Los padres que aman…también aman a la madre de sus hijos

 

“Ama a tu esposa sin reservas… no hay nada mejor que puedas hacer por tus hijos….”

 

  1. Los padres que aman a sus hijos lo hacen incondicionalmente

 

“Asegúrate de que tus hijos saben que los amarás siempre, no importa lo que pase. No confundas esto con permisividad. El amor incondicional no anima al comportamiento equivocado. De hecho, los hijos seguros del amor de sus padres tienden a rebelarse menos, no más”. 

 

  1. Los padres que aman, maduran

 

“Los niños no quieren otro colega, quieren un padre. Quieren alguien que se piense las cosas, que tome las decisiones duras, que enfrente la vida con responsabilidad. Alguien con quien puedan contar”.

 

  1. Los padres que aman, están ahí

 

“Está bien aportar tiempo de calidad, pero la cantidad de tiempo también importa. Haz tiempo para estar con tus hijos. Todo el mundo tiene solo 24 horas al día. Haz que cuenten”.

 

  1. Los padres que aman, proveen

 

“Lo mejor que puedas. Aportar lo material cuando se pierde el empleo y llegan los tiempos duros puede ser difícil. Pero siempre podrás proveer un hogar estable con amor y afecto”.

 

  1. Los padres que aman aportan disciplina

 

“Los niños aprecian la imparcialidad, el equilibrio, el rendir cuentas y una disciplina empapada en amor.  Se llama ‘consistencia’. Sin límites claramente definidos es muy difícil crecer”.

 

  1. Los padres que aman valoran la educación

 

“No te limites a leer para ellos; lee con ellos. No te compliques con los cursos, involúcrate en sus deberes escolares. No te limites a hablar de aprender: implícate manos a la obra, personalmente”. 

 

  1. Los padres que aman a sus hijos los educan para que se vayan

 

“El objetivo sencillo de ser una familia y de criar a los hijos no es más complicado que esto: criarlos bien y equiparlos para que puedan dejar el hogar y establezcan vidas fieles”.

 

  1. Los padres que aman enseñan a sus hijos a tomar responsabilidades

 

“Los chicos que aprenden a esquivar responsabilidades y evitar costos tarde o temprano se caerán de cara al suelo. Los padres amorosos se asegurarán de que sus hijos sepan como responsabilizarse, limpien lo que haga falta y sigan adelante”. 

 

  1. Los padres que aman enseñan a amar la vida

 

“El mejor predictor de felicidad en un niño es la felicidad en sus padres. Si aprendemos a amar esta vida y damos esa bendición a nuestros hijos, estaremos preparados para darles satisfacción”.

 

 

*Publicado orginalmente por AllProDad.com. Adaptación y traducción por ReL y Lifecoach