Semana Santa Viernes Santo

El Viernes Santo es un día de dolor. Es el momento de adorar a Jesus en la Cruz. Contemplar a Jesús en la Cruz es como un manantial que no se acaba; siempre sacaremos “agua fecunda”: enseñanzas, fuerzas, luces, el sentido del dolor, de la vida, la verdadera dimensión del amor –del amor a Dios y al prójimo.

Después del mediodía, se hace una celebración litúrgica a la que no es obligatorio asistir pero ¡si una buena costumbre! Allí se proclama el relato de la Pasión, se venera la Cruz del Señor como si fuera el Santísimo Sacramento y se comulga con el pan eucarístico reservado de la noche del Jueves Santo. No se celebra Misa. Los signos litúrgicos propios de ese día manifiestan lo que se conmemora: el color morado, el altar sin flores, el sagrario vacío, las canciones propias de ese día, inspiradas en la Pasión del Señor.

“No hay mayor amor que dar la vida por los amigos”.
Jn 15, 13

Esta poesía de autor anónimo puede ayudarnos a darnos cuenta del infinito amor que tiene Jesus por nosotros. Meditar, amar y corresponder:

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En este día se acostumbra rezar el “Via Crucis”, acompañando a Jesus en su camino al Monte
Calvario. En casa, se puede ver alguna película que nos ayude a meditar sobre la Pasión de Jesus.

La Eucaristía, el centro de nuestro ser cristiano, se funda en el sacrificio de Jesús por nosotros; nació del sufrimiento del amor, que en la Cruz alcanzó su culmen. Nosotros vivimos de este amor que se entrega. Este amor nos da la valentía y la fuerza para sufrir con Cristo y por Él en este mundo.” Mons. Javier Echeverría

“Casi todos vienen a mí para que les alivie la Cruz; son muy pocos los que se me acercan para que les enseñe a llevarla”.
Padre Pío

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Fuente: «Huellas imborrables – Costumbres de la familia cristiana»

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