Los abuelos aconsejan

«Abuelo, ¿qué es ser santo?»

Con esta pregunta, mi nieta me puso contra las cuerdas. Desde entonces, he sentido la responsabilidad de «dar buen consejo» a mis 33 nietos, una actividad que nos ha dado muchas alegrías.

EN PRIMERA PERSONA – 14 de Noviembre de 2016

Una de las obras de misericordia espirituales: Dar buen consejo al que lo necesita. O, como decían, con su viejo y sabroso estilo, los antiguos catecismos: Dar buen consejo al que lo ha menester.

Todos, en múltiples circunstancias o en diversos momentos de nuestro vivir, necesitamos de consejo, y también todos podemos y debemos cumplir con esta obra de misericordia para con quienes Dios nos ha puesto al lado en nuestro camino.

Ya se sabe que no es tarea fácil, porque no siempre damos el consejo de la manera adecuada o en el momento oportuno, o porque no todo el que lo necesita suele recibirlo positivamente. Si la forma de dar consejo adopta la forma del regaño, la cantaleta o el sermón, más bien provoca el rechazo en quien lo recibe. Y es muy probable que lo mismo suceda si se da desde una altura magistral, mirando hacia abajo al destinatario. Mi experiencia me dice que el consejo eficaz ha de estar cargado de cariño y ofrecerse de una manera sencilla y amable. (….)

Mi esposa y yo tenemos debilidad por nuestros nietos, y estamos orgullosos de que se note. Ellos, además, son tan buenos que procuran corresponder.

Cada sábado a mediodía concentramos a toda la familia en nuestra casa. Con absoluta libertad asisten los que lo desean y se lo permiten sus compromisos. Hasta el presente, gracias a Dios, todos se han sentido cómodos con esta reunión y la reclaman cuando, por algún motivo, mi señora y yo estamos fuera de la ciudad. En estos almuerzos, llenos de confianza, como es lógico, se suelen presentar controversias divertidas sobre diversos asuntos: fútbol, política, diversiones, lecturas, temas religiosos, etc. Es una magnífica oportunidad para conocernos mejor, para saber cómo pensamos y para dar ideas que remuevan, a pesar de que no todo se comparta de entrada. A veces surgen propuestas de los nietos sobre cómo llevar a cabo actividades para tratarnos con más frecuencia y para formarnos. ¡Quién me iba a decir que las palabras de sus abuelos contarían de veras en sus vidas!

Cuando se quiere a una persona, todo sabe a poco, así que resolví aprovechar diversas circunstancias para darles además algunos consejos por escrito.

La primera oportunidad se presentó con el nieto mayor, que vivía en el extranjero e iba a hacer la primera Comunión. Le envié un correo electrónico felicitándole y haciéndole algunas reflexiones adecuadas a su edad sobre la divina Eucaristía, sobre la grandeza de ese momento que iba a vivir, sobre su conversación con Jesús en esa ocasión, sobre las posibles peticiones que podría dirigirle, sobre su promesa de mantenerse junto a él y frecuentarlo en la Comunión, sobre la necesidad de arrepentirse y confesarse cuando en alguna ocasión se apartara de Él; finalmente le decía, dado que es una persona muy afectuosa y así ha sido siempre hasta el día de hoy, cuando es un universitario de veintidós años, que mi esposa y yo rezábamos a Dios para que le hiciera cada día un hombre mejor, un cristiano muy fiel, para que algún día, cuando hubieren pasado muchos años y ya ni él ni nosotros estuviéremos en este mundo, pudiéramos estar muy juntos y muy felices en el cielo, queriéndonos muchísimo.

Luego continué la costumbre con la primera Comunión de los demás nietos. También empecé a enviarles mensajes similares con motivo del sacramento de la Confirmación. (…)

Igualmente me pareció oportuno aprovechar los cumpleaños para escribir a los que, por su edad, ya tienen correo electrónico. En estos mensajes aprovecho para hablarles de aquella virtud en la que veo que destacan y para animarles a cultivar la virtud contraria al defecto que creo que tienen, sin decirles que lo tienen. También les escribo cuando obtienen alguna distinción en el estudio o en la práctica de algún deporte. Las circunstancias que se suelen presentar como oportunidad para escribirles son de lo más variadas. (…)

Continuando con el tema de la correspondencia, recuerdo la ocasión en la que se quedaron a dormir en nuestra casa tres de las nietas menores de diez años. Conversando con ellas, una me preguntó qué quería decir ser santo. En ese momento procuré darles a las tres una explicación a su alcance, pero luego les escribí un par de párrafos sobre el tema, lo más claro posible, animándoles a que desearan y trabajaran por ser santas. Los imprimí y se los entregué recomendándoles que los guardaran y los leyeran con alguna frecuencia. Cuando escribo a los nietos más pequeños que no tienen correo electrónico, les recomiendo que guarden mi carta y la vuelvan a leer de vez en cuando.

Ellos también me escriben con motivo de mi cumpleaños, de la fiesta del padre, de nuestro aniversario de bodas, etc. (…) Uno de ellos me manifestó que recordaba muy bien una referencia a algo que le había escrito tiempo atrás, porque tenía archivadas todas las cartas que le había enviado.

(…)Mi mujer y yo empezamos esta historia hace 52 años. Damos gracias al Señor por todo lo que nos ha dado y seguimos adelante con optimismo, hasta el día que Dios permita que estemos en este mundo.

http://www.opusdei.org/es/article/abuelo-que-es-ser-santo/

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